viernes, 31 de enero de 2020

TEMA 6: Colonialismo e Imperialismo

UNIDAD 6: COLONIALISMO E IMPERIALISMO
El último tercio del XIX y los primeros años del XX acogieron una serie  de nuevas transformaciones económicas y políticas. Las primeras dieron lugar a la llamada segunda revolución industrial, que supuso la aparición de nuevas industrias, el desarrollo científico y técnico –materializado en nuevos inventos- la transformación de la empresa capitalista, el desarrollo del capitalismo financiero y la ampliación del mercado de bienes de consumo.
Desde el punto de vista político se pasará de la paz a la guerra. El precario equilibrio del sistema de la Paz Armada, inspirado por el canciller alemán Bismarck, quedaría roto por el aumento de las tensiones entre las potencias mundiales. En ello tuvo que ver mucho el reparto del mundo en el contexto del colonialismo. El resultado final sería el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.
1. LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL GRAN CAPITALISMO
    1.1. Las bases del gran capitalismo.
La población mundial y europea se había doblado durante el siglo XIX, superando en 1900 los 430 millones. Ello fue el resultado de los efectos de la revolución demográfica. Además, la emigración a América había hecho que la población americana se multiplicase por cinco. La norteamericana pasó de 7 a 80 millones.
Por otra parte, se desarrolla ahora un nuevo fenómeno: el rápido crecimiento de las ciudades, propiciado por el éxodo rural que es estimulado por el desarrollo industrial urbano. Sin embargo, tanto o más importantes que el crecimiento demográfico, serían otros factores que estuvieron en la base de la segunda revolución industrial.
Estos, surgidos a partir de 1870, van a modificar  el sistema económico, dando lugar al llamado gran capitalismo o capitalismo industrial. Los factores principales fueron:
a) Nuevas fuentes de financiación.
Hasta ahora, para financiar las industrias se habían utilizado los beneficios obtenidos. Sin embargo, en la nueva fase se necesita mayor cantidad de dinero para renovar la industria y comprar nuevas maquinarias. Ello obliga a recurrir a nuevas fuentes de financiación. Por un lado, la banca comenzará a conceder préstamos industriales, pero también comienza a invertir en la industria y otros sectores económicos para multiplicar sus beneficios, iniciándose así el llamado capitalismo financiero.
Por otro lado, las empresas industriales y comerciales comenzaran a financiarse a través de la acumulación de capitales procedentes de diversos socios, creándose así las llamadas sociedades anónimas. Estas consiguen arte de su capital con la venta de acciones que se compran y venden en Bolsa.
Además, el aumento de la competencia lleva a la concentración empresarial, es decir a la unión de empresas para disponer de más capital para modernizarse técnicamente y reducir los costes.
b) Concentraciones empresariales.
Para hacer frente a esa competencia cada vez mayor y a la necesidad de modernizarse, regular la producción y buscar nuevos mercados, se inicia ahora un proceso de concentración empresarial que va a adoptar, sobre todo, dos formas:
-La concentración vertical: Se trata de la unión o de empresas que ocupan los distintos niveles de un mismo proceso de producción industrial, desde la obtención de las materias primas hasta la distribución del los productos en el mercado.
-La concentración horizontal: Se trata de la unión, asociación o acuerdo entre varias empresas dedicadas a la misma rama de la producción industrial, con el objeto de mejorar la competencia. Las dos formas de concentración más usadas fueron:
El trust, una unión de empresas del mismo sector bajo una misma dirección para conseguir una posición de dominio y rebajar al máximo los costes.
El cártel, que es un acuerdo entre empresas del mismo ramo para restringir la competencia unificando precios, distribuyéndose el mercado, regulando la producción…
A menudo el proceso de concentración acaba dando lugar a monopolios, es decir, el control de una determinada actividad en exclusiva por una empresa.
c) Gestión científica de la empresa.
     La gestión familiar de la empresa no sirve para las nuevas grandes empresas, que para ser competitivas deben organizarse de manera científica. La fórmula básica es que los trabajadores sean más productivos para aumentar así los beneficios. El gran impulsor de esta nueva forma de gestión fue Taylor y la gran innovación la producción en cadena.
d) Internacionalización del mercado.
El desarrollo de los transportes hizo posible establecer relaciones comerciales entre buena parte de los países del mundo. Esto permitió acceder más fácilmente a las materias primas en cualquier parte del mundo, pero también abrir nuevos mercados internacionales. Sin embargo, las nuevas relaciones comerciales fueron asimétricas: los países industrializados comenzaron a exportar sus productos manufacturados, mientras los países más atrasados son los que proporcionaban materias primas.
Además, las grandes potencias entendieron pronto que era más rentable conquistar y dominar los nuevos mercados, por eso no es coincidencia que el inicio de la segunda revolución industrial coincida con el arranque del colonialismo
e) Nuevas fuentes de energía.
El monopolio que el carbón tuvo en la primera fase de la revolución industrial se rompió con el desarrollo de dos nuevas fuentes de energía: La electricidad y el petróleo.
La energía eléctrica tuvo un primer uso en relación con el telégrafo, y no comienza a tener uso doméstico hasta el invento de la lámpara incandescente (Edison), después se aplica al alumbrado urbano y a las comunicaciones telefónicas y cuando se desarrolla la obtención de electricidad en centrales hidroeléctricas se comenzará a aplicar a la industria.
Por su parte, el primer petróleo comenzó a obtenerse a principios de la década de los 60 del siglo XIX, y se incrementa con la invención y desarrollo del automóvil. Más tarde sería elemento fundamental para el funcionamiento de maquinaria industrial y la obtención de energía eléctrica.
f) El desarrollo técnico.
    En los últimos años del siglo XIX se produce una auténtica avalancha de descubrimientos científicos, innovaciones técnicas e inventos que iban a impulsar la actividad económica.
En el campo industrial, el perfeccionamiento de los altos hornos multiplicó la producción de acero, a la vez que la industria química lideraba el desarrollo industrial, comenzando entonces la producción de los tintes químicos para la industria textil, el ácido sulfúrico, los explosivos, los fertilizantes químicos para la agricultura, los productos sintéticos o los farmacéuticos (En 1899 se inventó la aspirina –ácido acetilsalicílico)
El desarrollo industrial derivó pronto en numerosos inventos que encontraron una rápida aplicación práctica: la bombilla, el telégrafo (Hodge y Marconi), el teléfono (Graham Bell), la radio inalámbrica, el motor de explosión y el diesel, la rueda neumática (Dunlop), el cinematógrafo, la fotografía, los inicios de la aviación, con el dirigible de Zeppelin o el aeroplano de los hermanos Wright., la máquina de coser (Singer), la máquina de escribir…
En el sector agrario-alimenticio se desarrollaron los fertilizantes químicos, los fungicidas, se perfeccionó la maquinaria agrícola y se desarrollaron las técnicas de conserva en lata, envasado al vacío, leche deshidratada o congelación de alimentos.
1.2. La crisis de 1873: La Gran Depresión.
       En numerosas ocasiones los grandes cambios vienen antecedidos por profundas crisis. Así ocurrió con la segunda revolución industrial, precedida por la larga crisis económica de 1873, que no quedó resuelta hasta 1890. Pero, ¿Cuáles fueron sus causas?
Fundamentalmente se trató de una crisis de superproducción, es decir de una situación en la que se producía mucho más de lo que se consumía, o dicho de otro modo, la oferta superaba mucho a la demanda.
El incremento de la producción se debió al desarrollo tecnológico y al aumento del número de los países industrializados, cuando –además-la demanda crecía lentamente. El resultado fue un desplome de los precios –en Inglaterra hasta el 40%- que significó una disminución de los beneficios de las empresas. Con ello aumentó la competencia y la quiebra de empresas.
Ante la situación se pusieron en práctica una serie de soluciones, destacando:
La desaparición –salvo en Gran Bretaña- de las políticas librecambistas, que dieron paso al proteccionismo. Para proteger la industria nacional los países vuelven a aplicar aranceles –impuestos de aduanas- que encarezcan los productos extranjeros y los hagan menos competitivos.
Se potenciaron las concentraciones empresariales: sociedades anónimas, trust, cárteles… y se impulsó la gestión científica de la empresa.
Se desarrolló el capitalismo financiero, es decir el papel de los bancos en la concesión de créditos industriales y la participación en empresas mediante la compra de acciones.
Las principales potencias industriales se lanzaron a la conquista y el dominio de nuevos mercados, tanto para vender sus productos como para asegurarse el fácil acceso a las materias primas, poniendo las bases del colonialismo económico y el imperialismo político.
Se transformó el mercado de bienes de consumo. El desarrollo de las ciudades y el progresivo aumento del poder adquisitivo de sus habitantes, unido a la novedad de la compra a plazos, hizo que se potenciara la compra de otros productos además de los de subsistencia, los llamados bienes de consumo.
Lo anterior, unido al desarrollo de la gestión de empresas, la banca o nacientes servicios (agua, alumbrado, gas…) facilitó el crecimiento del sector terciario de la economía, que tuvo en el comercio su principal exponente.

2. LA EXPANSIÓN DE EUROPA: COLONIALISMO E IMPERIALISMO
          2.1. Los modelos coloniales y su administración.
                  Llamamos colonias a los territorios sometidos política, administrativa y económicamente a un país desarrollado al que se llama metrópoli, que si domina grandes territorios tiende a formar un imperio. El colonialismo se conoce desde la antigüedad, ligado casi siempre a motivos económicos, pero cuando existe voluntad de dominio político hablamos de imperialismo.
Por  otra parte, no todas las metrópolis enfocaron de la misma manera el colonialismo. Así, países como Francia, Bélgica o Italia, pusieron en práctica la doctrina de la asimilación, por la que los colonizados se convertirían en ciudadanos de pleno derecho respecto a la metrópoli, y sus territorios pasarían a ser departamentos o provincias de la misma.
Al contrario, Gran Bretaña nunca pensó en convertir a la población indígena de sus colonias en ciudadanos británicos. Una administración indígena, supervisada por la metrópoli, debía aspirar al autogobierno.
Con independencia de lo anterior, los territorios colonizados se administraron siempre según dos categorías: colonias propiamente dichas y protectorados.
a) Colonias. Territorios donde la metrópoli elimina cualquier forma de autogobierno e impone sus funcionarios e instituciones para administrarlo. A partir de aquí podemos distinguir dos tipos de colonias.
ü  Colonias de Explotación. La metrópoli no intenta una colonización demográfica, sólo envía a funcionarios y militares para que organicen el gobierno y la administración. El objetivo es explotar los recursos naturales a través de empresas estatales o privadas de la metrópoli.
ü  Colonias de poblamiento. El objetivo es que la población mayoritaria del territorio colonizado sea europea, que emigra allí ante la débil presencia de población indígena y las favorables condiciones climáticas.
b) Protectorados: Territorios donde sobre el papel se mantiene el gobierno indígena en materia de política interior, pero en realidad dicho gobierno está sometido a la supervisión de la metrópoli.
2.2. Causas del Imperialismo colonial.
             La formación de los imperios coloniales desde el último tercio del siglo XIX tuvo como principales causas las siguientes:
a)     El desarrollo de la segunda fase de la revolución industrial, que con la necesidad de nuevas materias primas y espacios de inversión, hizo que las grandes potencias europeas, sobre todo el Reino Unido, Francia, EE.UU. y Japón se lanzasen a la conquista de África, parte de Asia y Oceanía para explotarlas económicamente.
b)     El crecimiento de la población europea y la mecanización agraria, que crearon un desequilibrio entre población y recursos que propició la emigración a las colonias.
c)      Las ventajas económicas de las colonias, que –por una parte- proporcionaban materias primas a bajo precio, algunas de ellas exclusivas como los productos coloniales (té, café, cacao, azúcar…) y, por otra, abren nuevos mercados que pueden solucionar el problema de la superproducción.
d)     La situación política en Europa, que llevó a muchos países a intentar controlar zonas estratégicas y territorios para aumentar su poder económico y su peso político internacional.
e)     Los progresos en los medios de transporte -sobre todo el ferrocarril y el barco de vapor- y las grandes obras de ingeniería como el canal de Suez, que permitió el paso directo  del Mediterráneo al Indico, conectando Europa con África Oriental y el sur y sureste asiático.
f)      El interés científico por explorar territorios desconocidos y la creencia que la raza blanca era superior y debía transmitir a éstos territorios su civilización, religión, cultura…
2.3. El reparto colonial del mundo
Puede afirmarse que entre 1876 y 1914 unos cuantos estados se repartieron, en forma de colonias una cuarta parte de la superficie del planeta, confirmando la división del mundo entre países fuertes y débiles, países avanzados y países atrasados. Fue así como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Estados Unidos y Japón se repartieron buena parte de África, Asia y Oceanía.
Los principales imperios coloniales fueron el francés y el británico. Gran Bretaña tenía grandes territorios en América del Norte (Canadá), Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), Asia (India, Birmania, Malasia, Hong-Kong…) y África: una banda continua que desde Egipto atravesaba África de Norte a Sur hasta Sudáfrica, además de enclaves en el golfo de Guinea como Nigeria.
Francia, por su parte, dominaba Indochina (SE asiático) y una gran parte del cuadrante noroeste del continente Africano (Marruecos, Argelia, Túnez, África Occidental –países subsaharianos- además de Madagascar.
Además, cabe destacar el control del Congo por Bélgica, el de Libia y Somalia por Italia; el de Angola y Mozambique por Portugal; el del África del Suroeste y Camerún por Alemania o el del Sahara Occidental por España.
Consecuencias del Imperialismo Colonial.
El imperialismo tuvo las siguientes consecuencias:
a)       ECONÓMICAS. Las metrópolis explotaron las riquezas materiales y la mano de obra indígena de sus colonias, creando un modelo económico asimétrico, donde la colonia produce materias primas y la metrópoli vende sus productos manufacturados. Además, se crearon estructuras económicas irracionales, obligando –por ejemplo- a que muchas zonas se especializaran en un monocultivo (té, cacao…) destinado al consumo de las metrópolis.
b)      DEMOGRÁFICAS Y SOCIALES. La población aumentó gracias a la inmigración europea a las colonias y a la caída de las tasas de mortalidad entre la población indígena, pero se produjo la segregación racial, ya que la raza blanca era considerada superior y por ello tenía más derechos.
c) POLÍTICAS. Los países colonizadores utilizaron sus colonias para aumentar su prestigio político y las usaron en sus conflictos con otras potencias. Sin embargo, la colonización creó serios conflictos entre las potencias: Entre Francia y Gran Bretaña, en el actual Sudán del Sur, (Incidente de Fachoda, 1898) por su mutuo interés de unir por ferrocarril sus colonias en los cuatro confines de África; entre Gran Bretaña y Alemania por la colonización de ésta última de África Oriental (actual Tanzania); entre Francia y Alemania ante el intento de esta última de establecer un protectorado en Camerún; entre Francia y Bélgica por el control del Congo…
     Para evitar conflictos se celebraron reuniones diplomáticas, destacando la Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada por Bismarck y que, pese a los acuerdos conseguidos, no tuvo el éxito deseado; o la Conferencia de Algeciras, que intentó resolver el reparto del protectorado sobre Marruecos que, finalmente, correspondió a Francia y España.
d)      CULTURALES. En todos los casos la cultura occidental se impuso a la cultura indígena (lengua, religión, costumbres…) en un proceso de aculturación.
3. LAS GRANDES POTENCIAS MUNDIALES EN EL CAMBIO DE SIGLO.
    En este apartado podemos incluir a representantes de tres continentes: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria-Hungría, Rusia, Estados Unidos y Japón.
GRAN BRETAÑA vive su esplendor político y económico como primera potencia mundial en la que se ha dado en llamar la época victoriana. El estado británico no había sufrido los sobresaltos de las revoluciones liberales y mantenía un sistema democrático estable basado en el bipartidismo entre los conservadores (torys) de Disraeli y los liberales (whigs) liderados por Gladstone.
Económicamente el país sigue siendo una potencia industrial y comercial basada en su política librecambista, mientras Londres es la capital financiera del mundo. Sólo algunos problemas coloniales y la cuestión de Irlanda alteran su normalidad política.
ALEMANIA Recordemos que la unificación alemana culminó en 1871, dejando a Guillermo I como Kaiser y a Otto von Bismarck como su canciller. Este impondrá un modelo político autoritario sobre un estado confederal dominado por Prusia, a la vez que Alemania se convertía en la primera potencia industrial de Europa.
Hasta 1890 Bismarck aumentó el poder internacional de Alemania gracias a su política de alianzas, pero ello se hacía desde un estado con serios problemas políticos (falta de democracia, militarismo…), lo que llevó a seguir una tendencia imperialista que acabaría llevando a Alemania hasta la Primera Guerra Mundial.
FRANCIA tuvo una convulsa historia política desde 1789: La revolución francesa, el imperio napoleónico, la restauración borbónica en las personas de Luís XVIII y Carlos X, la llegada de la dinastía de los Orleans, la implantación de la II República con Luís Napoleón III… La pérdida de la guerra Franco-Prusiana en 1870 fue un duro golpe para Francia, que supuso la abdicación del emperador (Napoleón III) y dio paso al estallido social de la Comuna de París (marzo-mayo de 1871)
En 1873 en Francia se había proclamado la III República, que estuvo salpicada de inestabilidad y corrupción política, lo que no impidió el desarrollo económico e imperialista francés. Símbolo de su pujanza económica fue la celebración en París en 1889 de una Exposición Universal que tuvo en la Torre Eiffel su símbolo para la posteridad.
AUSTRIA-HUNGRÍA inauguró el liberalismo en el reinado de Francisco José I (casado con la emperatriz Isabel, la famosa Sissi), durante el cual se produjo también la modernización económica de su Estado. Sin embargo los problemas nacionalistas en el seno del imperio austro-húngaro, sobre todo en los Balcanes, su dependencia financiera del capital extranjero y su nula intervención en el reparto colonial, mermaron su poderío internacional que –en cualquier caso- se mantuvo hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.
EL IMPERIO RUSO, bajo el dominio de la dinastía de los Romanov, era un gigante con los pies de barro que mantuvo hasta 1861 (cuando se prohibió la servidumbre legal) estructuras feudales. Desde entonces se emprendió una etapa de reformas de corte liberal que afectaron a la administración, la justicia y la economía. Rusia se abrió a las inversiones extranjeras, lo que le permitió un leve desarrollo económico. Sin embargo el descontento de la población ante la situación política, económica y social era evidente, lo que unido a los fracasos en el intento de controlar los Balcanes y la derrota en su guerra contra Japón en 1905, explican la situación que hará estallar las revoluciones de 1917.
JAPÓN sigue siendo a principios del XIX un país feudal, que iniciará su modernización en la llamada era Meiji con la apertura al exterior, lo que la convertirá en poco tiempo en una potencia industrial emergente con aspiraciones imperialistas, primero en Manchuria y Corea –donde se enfrentará militarmente a Rusia- y, después, en el Pacífico.
ESTADOS UNIDOS se había convertido desde la finalización de su Guerra de Independencia (1783) en una potencia mundial de primer orden. En apenas un siglo había concluido su conquista interior, se había anexionado Texas, Nuevo México y California, a costa de México, y había extendido su influencia política y económica por buena parte de América. Sólo la guerra civil entre 1861-1865 frenó temporalmente este progreso, que continuó con la compra de Alaska en 1867, la anexión de Puerto Rico y Filipinas tras su guerra con España en 1898, la de Hawai en 1900… Su decisiva intervención en la Primera Guerra Mundial la convirtió en potencia hegemónica occidental.
Su poder político se basó en su poderío económico, cimentado en sus enormes recursos, su rápido crecimiento territorial y demográfico, su hábil política imperialista y el desarrollo temprano de la sociedad de consumo, que la convirtió en el líder del capitalismo mundial.

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PAISES COLONIZADORES Y TERRITORIOS QUE POSEÍAN EN ÁFRICA
Alemania
África Occidental Alemana.  Incluía: Camerún; Togolandia (hoy Togo y parte de Ghana).
Bélgica
España
África Occidental Española, que incluía: Río de Oro (ahora Sáhara Occidental) e Ifni (ahora parte de Marruecos: Cabo Juby y Saguia el Hamra)
Francia
Protectorado de Marruecos (ahora parte de Marruecos)
África Occidental Francesa, que incluía: Mauritania, Senegal, Sudán Francés (ahora Malí), Guinea (Camerún Después de la I Guerra Mundial cuando la perdió Alemania), Costa de Marfil, Níger, Alto Volta (ahora Burkina Faso), Dahomey (ahora Benín)
Italia
Portugal
Reino Unido

Estados independientes
Liberia, fundada por la Sociedad Americana de Colonización de los Estados Unidos en 1821. Declaró su independencia en 1847.
Etiopía (Abisinia), sus fronteras fueron trazadas de nuevo con la Eritrea Italiana y Somalilandia Francesa, brevemente ocupada por Italia de 1936 a 1941 durante la Crisis de Abisinia de la Segunda Guerra Mundial.





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