miércoles, 15 de enero de 2020

TEMA 5: EL MOVIMIENTO OBRERO

UNIDAD 5: LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: EL MOVIMIENTO OBRERO.

La combinación de las revoluciones políticas -iniciadas con la revolución francesa- y la revolución industrial produjo una profunda transformación de la sociedad europea durante el siglo XIX. La sociedad estamental, dominada por la nobleza y el clero, daría paso a una nueva sociedad: la sociedad de clases, dominada por la burguesía y en la que irá cobrando protagonismo la clase proletaria. Una y otra acabarán enfrentándose en el contexto de la aparición de nuevas ideologías y  el desarrollo del movimiento obrero.
1. LA SOCIEDAD DE CLASES.
    El enriquecimiento de la burguesía durante la revolución industrial y su conquista del poder político en el marco del estado liberal, contribuyeron a la progresiva desintegración de la sociedad estamental propia del antiguo régimen. Esta dará paso a una nueva sociedad en la que ya no era el nacimiento el que determinaba la situación social, sino que era la riqueza la que permitía clasificar a cada persona en una categoría social determinada. Es decir, se pasa de una sociedad estamental a una sociedad de clases económicas.
Por otro lado, la nueva sociedad deja de ser inmovilista desde el momento en que la adquisición o pérdida de riqueza permite la movilidad social y, aunque se define como igualitaria, desde el momento en que teoriza con el principio de que todos los hombres son iguales ante la ley, la falta real de igualdad de oportunidades hace que siga siendo piramidal.
Esta nueva sociedad de clases está caracterizada por cuatro hechos:
·         El predominio de la burguesía, que se convirtió en la clase dominante desde el punto de vista político, social y económico.
·         La movilidad social y la desaparición de los privilegios.
·         La aparición de una nueva clase social, el proletariado urbano, constituida por los obreros industriales.
·         La distribución por clases según se dispusiera de los medios de producción (burguesía) o sólo de la fuerza de trabajo que se vendía por un salario (proletariado).
En esta nueva sociedad, aunque se simplifican los niveles, cada uno presenta una gran heterogeneidad. Así dentro de la burguesía se distingue la alta burguesía, que incluye a los grandes terratenientes, los empresarios industriales o los banqueros; la burguesía media que acoge a comerciantes y representantes de profesiones liberales (médicos, abogados…) y la pequeña burguesía, que aglutina a los funcionarios de bajo rango, pequeños comerciantes y propietarios agrícolas, empleados…
Por debajo de la clase burguesa se encuentran la clase proletaria, donde se mezclan los obreros industriales y los jornaleros campesinos. Estos últimos habitan en las zonas rurales, mientras los primeros lo hacen en las ciudades.
La ciudad del siglo XIX va a reflejar claramente estas diferencias sociales. En principio las ciudades crecen gracias al efecto llamada del desarrollo industrial, lo que se traduce en el éxodo rural y la emigración masiva a las ciudades. En ellas la burguesía ocupa el nuevo centro de la ciudad, los ensanches, mientras el proletariado se hacina en los suburbios en un ambiente de pobreza y miseria, con una total carencia de servicios básicos y graves problemas de higiene, contaminación y ruido.
2. LAS CONDICIONES DE TRABAJO DE LA CLASE OBRERA.
    No puede entenderse el nacimiento y desarrollo del movimiento obrero sin conocer las condiciones de trabajo del proletariado. Hay que comenzar diciendo que el responsable de estas condiciones fue el liberalismo económico y su idea de la no intervención del Estado en la economía, lo que dejó a los trabajadores totalmente desprotegidos y a merced muchas veces de la codicia de empresarios sin escrúpulos. Su ansia de beneficios, la abundancia de mano de obra y la falta de leyes que regularan el mercado laboral diseñaron una situación donde:
* Las jornadas de trabajo eran muy largas, en ocasiones de hasta dieciséis horas diarias, sin días de descanso y bajo una disciplina durísima en la que cualquier infracción o descuido se penaba con multas que reducían aún más el salario.
* Existía una ausencia total de seguridad e higiene en el trabajo, lo que ocasionaba enfermedades crónicas (minas, fábricas…) y continuos accidentes laborales ante los que los obreros estaban totalmente desprotegidos.
* Era frecuente el trabajo infantil. Los niños, a partir de los cinco o seis años trabajaban en las minas y en las fábricas en las mismas condiciones que los adultos.
* Los salarios eran bajos en general, en particular en el caso de mujeres y niños. Los empresarios pagaban sueldos miserables porque abundaba la mano de obra a causa del crecimiento de la población y porque la mecanización industrial creaba paro.
* La contratación y el despido eran totalmente libres. Los empresarios imponían las condiciones a su antojo y no existía ni derecho a indemnización ni al cobro de desempleo.
* No se contemplaba la existencia de vacaciones ni de seguridad social que cubriera un sueldo mínimo en caso de baja por enfermedad o la propia asistencia médica, así como tampoco existía el seguro de vejez (pensión).
* Se prohibía a los obreros asociarse para defender sus derechos laborales y frecuentemente se consideraba ilegal el ejercicio de huelga y manifestación.

3. EL MOVIMIENTO OBRERO
3.1. Los inicios del movimiento obrero
      Poco a poco los obreros empezaron a ser conscientes de la necesidad de unirse en su lucha para mejorar sus pésimas condiciones de vida y trabajo. Surge así el movimiento obrero. Al principio se trataba de acciones de protesta aisladas y desorganizadas; después los obreros comenzaron a asociarse emprendiendo la lucha sindical y, finalmente, la aparición de nuevas ideologías anticapitalistas les llevaron a reivindicar no sólo derechos laborales sino también sociales y políticos como la reducción de la jornada laboral o el derecho de asociación.
Como no podía ser menos las primeras reacciones de los obreros contra su situación se produjeron en Gran Bretaña, cuna de la revolución industrial. Allí, en la década de 1810-1820 surge un movimiento denominado Ludismo: Grupos de obreros que destruían las máquinas como forma de protesta creyendo que la mecanización era el origen de sus males. pero la burguesía actúo rápido y en 1812 una ley del parlamento británico establecía la pena de muerte para quien atentara contra una máquina.
El siguiente paso será la creación de asociaciones de obreros, también en Inglaterra, aprovechando que en 1824 se abolieron las leyes que las prohibían. Las primeras asociaciones fueron las llamadas Trade Unions: Asociaciones locales de trabajadores de un mismo oficio que tenían como objetivo obtener mejores condiciones de vida y trabajo. Su modelo eran los antiguos gremios, por eso las más fuertes fueron las que integraban a los obreros más cualificados de la industria textil y de otros oficios tradicionales.
Las Trade Unions ganaron importancia cuando a iniciativa de Robert Owen se creó una especie de Trade Unions nacional e intersectorial, es decir agrupaba asociaciones de diversos oficios a nivel nacional. Sin embargo, cuando esta asociación apostó por la huelga como método de lucha el gobierno la declaró ilegal y fue perseguida.

El siguiente paso fue el intento de los trabajadores de conseguir reformas por la vía política, haciendo llegar sus reivindicaciones al parlamento (donde recordemos no están representados debido al sistema del sufragio censitario). A este movimiento, iniciado en Inglaterra, se le denominó Cartismo, debido a que una asociación de trabajadores envío al Parlamento británico la llamada Carta del Pueblo (1838) con peticiones políticas y laborales favorables a los obreros.
El cartismo puede calificarse de movimiento capitalista o al menos contrario a los intereses de la alta burguesía. Pero, ¿cuáles eran las principales demandas del cartismo?
·         El sufragio universal masculino
·         El voto libre y secreto
·         La supresión del requisito de ser propietario para ser elegido parlamentario
·         El establecimiento de un sueldo para los parlamentarios que garantizase que aquellos que no dispusieran de rentas personales pudieran dedicarse a la representación política
·         Un parlamento de cámara única renovable anualmente.
·         Modificar las circunscripciones electorales para garantizar una representación equitativa.
·         Mejoras laborales como la reducción de jornada a diez horas diarias.

Finalmente, otros movimientos criticaron los problemas generados por la industrialización y el desarrollo del capitalismo burgués. Entre ellos cabe destacar el llamado Socialismo Utópico, un movimiento de las primeras décadas del siglo XIX que cabe definir como una corriente ideológica anticapitalista, que pretendía lograr la intervención del Estado en la economía para mejorar las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.
El nombre le fue dado por Marx y Engels al considerar que las ideas, proyectos  y soluciones aportadas eran ideales e inalcanzables. El socialismo utópico –al igual que el posterior marxismo- denunciaba la desigualdad y la injusticia social, creyendo que esta derivaba de la existencia de la propiedad privada. Por tanto había que construir una sociedad más justa, pero a diferencia del marxismo no se oponía al liberalismo político ni ponía en cuestión la estructura de la sociedad burguesa.
Ideas de algunos socialistas utópicos:
Saint-Simón proponía la creación de una sociedad ideal gobernada por un empresario aconsejado por sabios y cuyo principal objetivo sería mejorar las condiciones de las clases humildes.
Charles Fourier también propuso una nueva sociedad basada en cooperativas de producción o falansterios: comunidades autosuficientes que reunirían a unas 1.000 personas. Dispondrían de tierras para agricultura y para diversas actividades económicas, para viviendas y para una gran casa común. Todo estaría regulado y las personas trabajarían en función de su capacidad y recibirían lo necesario para cubrir sus necesidades.
Robert Owen fue un gran empresario de la industria textil que fundó una cooperativa en su fábrica escocesa de New Lanark. Su idea era que el rendimiento del obrero mejora cuando aumenta su calidad de vida, por eso establece un sistema en el que el obrero es recompensado con un salario suficiente que aumenta en  función de su producción, pero previamente se le concede una vivienda digna, se mejoran sus condiciones de higiene y salud, se le proporcionan escuelas y economatos, se limita su jornada laboral (diez horas y media), se prohíbe el trabajo infantil… Owen cree también en la necesidad de la intervención del estado en la economía para mejorar las condiciones de los obreros.
Louis Blanc, propuso la colaboración entre el estado y los obreros a través de la creación de los talleres nacionales, una especie de cooperativas patrocinadas por el estado donde los salarios serían justos e iguales (para evitar que el juego oferta-demanda los hundiese).
Flora Tristán adopta una posición feminista al considerar que la discriminación y explotación de la mujer deriva de que se les niega la educación y formación intelectual, pero ello es extrapolable al conjunto de la clase obrera que,-según ella- debía unirse para luchar por sus derechos. Con ello anticipa la idea de la creación de una Internacional obrera.
3.2. El desarrollo del movimiento obrero.
       Desde mediados del XIX, el movimiento obrero se verá impulsado gracias al desarrollo de nuevas formas de organización de los trabajadores y de lucha obrera y a la aparición de ideologías de tendencia anticapitalista. Así, podemos destacar:
·         El progreso del sindicalismo, movimiento por el que los obreros se asocian para organizar su lucha o la negociación con los empresarios y con el Estado, con el fin de obtener mejores condiciones laborales.
·         El uso de la huelga general como medio de presión para obtener mejoras laborales para el conjunto de los trabajadores. Sin embargo, pronto la burguesía declaró ilegales, tanto las huelgas como a los propios sindicatos, que tuvieron que llevar a cabo su actividad en la clandestinidad, al menos hasta finales del siglo XIX.
·         La aparición y desarrollo de dos ideologías revolucionarias que tenían como objetivo la destrucción del capitalismo, al que consideraban responsable de la explotación de la clase obrera. Por un lado, los alemanes Karl Marx y Friedrich Engels darán origen a un particular pensamiento obrero, el marxismo, o socialismo científico, que será seguido en todo el mundo. Contemporáneamente el ruso Mijaíl Bakunin y el francés Pierre-Joseph Proudhon, sientan las bases del anarquismo.
·         La fundación de las Internacionales Obreras.
3.2.1. El desarrollo del socialismo: El Marxismo
A lo largo del siglo XIX el socialismo adoptó distintas formas. Su origen está en el socialismo utópico, pero evolucionaría hacia el socialismo científico o marxismo en la segunda mitad del XIX. No obstante el socialismo decimonónico tiene unas bases comunes:
·         La oposición al capitalismo
·         La exaltación de la igualdad social
·         La preocupación por el interés general de la sociedad antes que por los particulares de cada individuo.
·         La defensa de la propiedad colectiva o social antes que la propiedad privada.
·         El reparto de la riqueza social en función del trabajo y no del capital que se posea.

El socialismo científico o marxismo es una teoría política y económica basada en el pensamiento de Marx y Engels, y desarrollada en la obra El capital. Estos autores plantearon un enfoque historicista llamado materialismo histórico (considera toda la realidad como el producto de un devenir histórico) Según este la realidad es una lucha constante entre clases sociales y esa lucha generaba cambios en la sociedad. El materialismo histórico considera que es la economía, las relaciones productivas, la que determina la estructura social.
El marxismo entiende que la penosa situación de la clase obrera es consecuencia del sistema económico capitalista que permite al empresario adueñarse de la plusvalía (el valor que el trabajo no remunerado al trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y que se apropia gratuitamente el capitalista) en base a que éste posee el capital y, con él, la propiedad de los medios de producción.
Para solucionar el problema el marxismo propone un cambio total de las relaciones económicas, sociales y políticas a través de la lucha de clases. ¿En qué consiste y cuál es su objetivo? La clases trabajadora, organizada a través de un partido obrero, debía enfrentarse a la burguesía a través de la revolución, lograr su desaparición y conquistar el poder político implantando la llamada dictadura del proletariado. Una vez alcanzado el poder, se desmontaría el sistema capitalista y se colectivizarían los medios de producción, es decir, se pondrían al servicio de toda la comunidad. Así, se transformaría la estructura de la sociedad al implantar una sociedad sin clases en la que ya no habría opresores ni oprimidos.
Así se llegaría a la sociedad comunista, una sociedad libre, sin clases ni Estado opresor.
A finales del XIX el socialismo científico comienza a escindirse en dos tendencias. Una es la representada por los llamados revisionistas, que pretendían integrar a la baja burguesía que compartía las ideas socialistas y luchar por mejorar las condiciones del proletariado políticamente desde el sistema democrático. La otra, dirigida por Rosa Luxemburgo, mantenía el valor de la revolución de las masas como método para alcanzar el poder y forzar los cambios. La primera tendencia deriva hacia el socialismo democrático, la segunda hacia el comunismo.
3.2.2. El anarquismo.
El anarquismo, que etimológicamente significa sin autoridad, es una teoría política basada en el pensamiento de Pierre Joseph Proudhon y –sobre todo- Mijail Bakunin. Coincide con el marxismo en la oposición al capitalismo, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la consecución de una sociedad libre, igualitaria y sin clases, a la que se llegaría tras la revolución espontánea de las masas.
El anarquismo se oponía a cualquier forma de gobierno, pues entiende que gobernar supone ya una coacción. Por eso defiende la libertad del individuo y la desaparición de todas las autoridades. Su organización social ideal se basa en las comunas, pequeñas agrupaciones libres de personas que se autoabastecerían y en las que no existiría propiedad privada.
Aunque la mayoría de los anarquistas fueron pacíficos, algunos lucharon con métodos violentos, llegando a atentar contra el zar ruso Alejandro II o el rey de España Alfonso XIII.

4. LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL MOVIMIENTO OBRERO
El asociacionismo obrero tomó impulso a partir de 1860, sobre todo como consecuencia del apoyo del socialismo y los contactos de líderes obreros de distintos países, perseguidos en sus estados y obligados a exiliarse, sobre todo, a Londres. Estos hechos favorecieron el desarrollo de las internacionales obreras.
Estas surgieron en la década de 1860, cuando los líderes obreros de distintos países tomaron conciencia de que los problemas que afectaban al proletariado eran los mismos en todas las naciones y se plantearon la necesidad de asociarse para que su lucha tuviera más fuerza. Así, por ejemplo, se pretendía acabar con la costumbre de la patronal de contratar obreros de otro país cuando había una huelga en un sector concreto o una huelga general. El objetivo era crear un clima de solidaridad entre los trabajadores.
Durante esta época se crearon dos Internacionales obreras:
La primera Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores. Se fundó en Londres en 1864 y pronto se implantó en Francia, Bélgica, Suiza, Alemania, Italia y España. Sin embargo sólo duró hasta 1876, debido sobre todo a dos razones:
La persecución que sufrió por parte de los gobiernos, que reprimieron con dureza las huelgas y manifestaciones obreras.
Las disputas entre marxistas y anarquistas por los métodos de lucha. Los primeros querían intervenir en la vida política a través de partidos políticos, los segundos creían que se debía actuar por medio de los sindicatos.
Los anarquistas fueron expulsados en 1872 de la Internacional, que se disolvió en 1876.
La Segunda Internacional Se fundó en París en 1889 y su principal reivindicación fue conseguir la jornada laboral de ocho horas, para lo que establecieron el día 1 de mayo como día de protesta. Apoyada en los partidos socialistas, la II Internacional también reivindicaba la prohibición del trabajo infantil, la subida de salarios o el sufragio universal. Además se impuso la aceptación de la acción política como método de lucha, lo que dejó fuera a los anarquistas.
La II Internacional desapareció como consecuencia de la tensión política en Europa que acabó desembocando en la Primer Guerra Mundial y del triunfo de la Revolución Rusa. En el primer caso, los obreros de cada país se pusieron de parte de sus respectivos gobiernos en la guerra, anteponiendo así los intereses nacionales a los intereses de clase. Eso los desunió.
En el segundo caso, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia y la esperanza de que esto sirviese de modelo para la revolución proletaria, llevó a la organización en 1919 de la llamada  Tercera Internacional o Internacional Comunista, que volvía a recuperar la idea de la revolución como método para liquidar el capitalismo e implantar repúblicas soviéticas siguiendo el modelo ruso.
La mayoría del socialismo europeo se negó a ingresar en la Internacional Comunista, pero algunos pequeños grupos se separaron de los partidos socialistas para hacerlo, creando los que se llamaron desde entonces partidos comunistas (El PCE surge en 1921 como una escisión del PSOE, creado por pablo Iglesias en 1879). Así, en 1924 los partidos socialistas deciden crear la Internacional Socialista.


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