viernes, 31 de enero de 2020

TEMA 6: Colonialismo e Imperialismo

UNIDAD 6: COLONIALISMO E IMPERIALISMO
El último tercio del XIX y los primeros años del XX acogieron una serie  de nuevas transformaciones económicas y políticas. Las primeras dieron lugar a la llamada segunda revolución industrial, que supuso la aparición de nuevas industrias, el desarrollo científico y técnico –materializado en nuevos inventos- la transformación de la empresa capitalista, el desarrollo del capitalismo financiero y la ampliación del mercado de bienes de consumo.
Desde el punto de vista político se pasará de la paz a la guerra. El precario equilibrio del sistema de la Paz Armada, inspirado por el canciller alemán Bismarck, quedaría roto por el aumento de las tensiones entre las potencias mundiales. En ello tuvo que ver mucho el reparto del mundo en el contexto del colonialismo. El resultado final sería el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.
1. LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL GRAN CAPITALISMO
    1.1. Las bases del gran capitalismo.
La población mundial y europea se había doblado durante el siglo XIX, superando en 1900 los 430 millones. Ello fue el resultado de los efectos de la revolución demográfica. Además, la emigración a América había hecho que la población americana se multiplicase por cinco. La norteamericana pasó de 7 a 80 millones.
Por otra parte, se desarrolla ahora un nuevo fenómeno: el rápido crecimiento de las ciudades, propiciado por el éxodo rural que es estimulado por el desarrollo industrial urbano. Sin embargo, tanto o más importantes que el crecimiento demográfico, serían otros factores que estuvieron en la base de la segunda revolución industrial.
Estos, surgidos a partir de 1870, van a modificar  el sistema económico, dando lugar al llamado gran capitalismo o capitalismo industrial. Los factores principales fueron:
a) Nuevas fuentes de financiación.
Hasta ahora, para financiar las industrias se habían utilizado los beneficios obtenidos. Sin embargo, en la nueva fase se necesita mayor cantidad de dinero para renovar la industria y comprar nuevas maquinarias. Ello obliga a recurrir a nuevas fuentes de financiación. Por un lado, la banca comenzará a conceder préstamos industriales, pero también comienza a invertir en la industria y otros sectores económicos para multiplicar sus beneficios, iniciándose así el llamado capitalismo financiero.
Por otro lado, las empresas industriales y comerciales comenzaran a financiarse a través de la acumulación de capitales procedentes de diversos socios, creándose así las llamadas sociedades anónimas. Estas consiguen arte de su capital con la venta de acciones que se compran y venden en Bolsa.
Además, el aumento de la competencia lleva a la concentración empresarial, es decir a la unión de empresas para disponer de más capital para modernizarse técnicamente y reducir los costes.
b) Concentraciones empresariales.
Para hacer frente a esa competencia cada vez mayor y a la necesidad de modernizarse, regular la producción y buscar nuevos mercados, se inicia ahora un proceso de concentración empresarial que va a adoptar, sobre todo, dos formas:
-La concentración vertical: Se trata de la unión o de empresas que ocupan los distintos niveles de un mismo proceso de producción industrial, desde la obtención de las materias primas hasta la distribución del los productos en el mercado.
-La concentración horizontal: Se trata de la unión, asociación o acuerdo entre varias empresas dedicadas a la misma rama de la producción industrial, con el objeto de mejorar la competencia. Las dos formas de concentración más usadas fueron:
El trust, una unión de empresas del mismo sector bajo una misma dirección para conseguir una posición de dominio y rebajar al máximo los costes.
El cártel, que es un acuerdo entre empresas del mismo ramo para restringir la competencia unificando precios, distribuyéndose el mercado, regulando la producción…
A menudo el proceso de concentración acaba dando lugar a monopolios, es decir, el control de una determinada actividad en exclusiva por una empresa.
c) Gestión científica de la empresa.
     La gestión familiar de la empresa no sirve para las nuevas grandes empresas, que para ser competitivas deben organizarse de manera científica. La fórmula básica es que los trabajadores sean más productivos para aumentar así los beneficios. El gran impulsor de esta nueva forma de gestión fue Taylor y la gran innovación la producción en cadena.
d) Internacionalización del mercado.
El desarrollo de los transportes hizo posible establecer relaciones comerciales entre buena parte de los países del mundo. Esto permitió acceder más fácilmente a las materias primas en cualquier parte del mundo, pero también abrir nuevos mercados internacionales. Sin embargo, las nuevas relaciones comerciales fueron asimétricas: los países industrializados comenzaron a exportar sus productos manufacturados, mientras los países más atrasados son los que proporcionaban materias primas.
Además, las grandes potencias entendieron pronto que era más rentable conquistar y dominar los nuevos mercados, por eso no es coincidencia que el inicio de la segunda revolución industrial coincida con el arranque del colonialismo
e) Nuevas fuentes de energía.
El monopolio que el carbón tuvo en la primera fase de la revolución industrial se rompió con el desarrollo de dos nuevas fuentes de energía: La electricidad y el petróleo.
La energía eléctrica tuvo un primer uso en relación con el telégrafo, y no comienza a tener uso doméstico hasta el invento de la lámpara incandescente (Edison), después se aplica al alumbrado urbano y a las comunicaciones telefónicas y cuando se desarrolla la obtención de electricidad en centrales hidroeléctricas se comenzará a aplicar a la industria.
Por su parte, el primer petróleo comenzó a obtenerse a principios de la década de los 60 del siglo XIX, y se incrementa con la invención y desarrollo del automóvil. Más tarde sería elemento fundamental para el funcionamiento de maquinaria industrial y la obtención de energía eléctrica.
f) El desarrollo técnico.
    En los últimos años del siglo XIX se produce una auténtica avalancha de descubrimientos científicos, innovaciones técnicas e inventos que iban a impulsar la actividad económica.
En el campo industrial, el perfeccionamiento de los altos hornos multiplicó la producción de acero, a la vez que la industria química lideraba el desarrollo industrial, comenzando entonces la producción de los tintes químicos para la industria textil, el ácido sulfúrico, los explosivos, los fertilizantes químicos para la agricultura, los productos sintéticos o los farmacéuticos (En 1899 se inventó la aspirina –ácido acetilsalicílico)
El desarrollo industrial derivó pronto en numerosos inventos que encontraron una rápida aplicación práctica: la bombilla, el telégrafo (Hodge y Marconi), el teléfono (Graham Bell), la radio inalámbrica, el motor de explosión y el diesel, la rueda neumática (Dunlop), el cinematógrafo, la fotografía, los inicios de la aviación, con el dirigible de Zeppelin o el aeroplano de los hermanos Wright., la máquina de coser (Singer), la máquina de escribir…
En el sector agrario-alimenticio se desarrollaron los fertilizantes químicos, los fungicidas, se perfeccionó la maquinaria agrícola y se desarrollaron las técnicas de conserva en lata, envasado al vacío, leche deshidratada o congelación de alimentos.
1.2. La crisis de 1873: La Gran Depresión.
       En numerosas ocasiones los grandes cambios vienen antecedidos por profundas crisis. Así ocurrió con la segunda revolución industrial, precedida por la larga crisis económica de 1873, que no quedó resuelta hasta 1890. Pero, ¿Cuáles fueron sus causas?
Fundamentalmente se trató de una crisis de superproducción, es decir de una situación en la que se producía mucho más de lo que se consumía, o dicho de otro modo, la oferta superaba mucho a la demanda.
El incremento de la producción se debió al desarrollo tecnológico y al aumento del número de los países industrializados, cuando –además-la demanda crecía lentamente. El resultado fue un desplome de los precios –en Inglaterra hasta el 40%- que significó una disminución de los beneficios de las empresas. Con ello aumentó la competencia y la quiebra de empresas.
Ante la situación se pusieron en práctica una serie de soluciones, destacando:
La desaparición –salvo en Gran Bretaña- de las políticas librecambistas, que dieron paso al proteccionismo. Para proteger la industria nacional los países vuelven a aplicar aranceles –impuestos de aduanas- que encarezcan los productos extranjeros y los hagan menos competitivos.
Se potenciaron las concentraciones empresariales: sociedades anónimas, trust, cárteles… y se impulsó la gestión científica de la empresa.
Se desarrolló el capitalismo financiero, es decir el papel de los bancos en la concesión de créditos industriales y la participación en empresas mediante la compra de acciones.
Las principales potencias industriales se lanzaron a la conquista y el dominio de nuevos mercados, tanto para vender sus productos como para asegurarse el fácil acceso a las materias primas, poniendo las bases del colonialismo económico y el imperialismo político.
Se transformó el mercado de bienes de consumo. El desarrollo de las ciudades y el progresivo aumento del poder adquisitivo de sus habitantes, unido a la novedad de la compra a plazos, hizo que se potenciara la compra de otros productos además de los de subsistencia, los llamados bienes de consumo.
Lo anterior, unido al desarrollo de la gestión de empresas, la banca o nacientes servicios (agua, alumbrado, gas…) facilitó el crecimiento del sector terciario de la economía, que tuvo en el comercio su principal exponente.

2. LA EXPANSIÓN DE EUROPA: COLONIALISMO E IMPERIALISMO
          2.1. Los modelos coloniales y su administración.
                  Llamamos colonias a los territorios sometidos política, administrativa y económicamente a un país desarrollado al que se llama metrópoli, que si domina grandes territorios tiende a formar un imperio. El colonialismo se conoce desde la antigüedad, ligado casi siempre a motivos económicos, pero cuando existe voluntad de dominio político hablamos de imperialismo.
Por  otra parte, no todas las metrópolis enfocaron de la misma manera el colonialismo. Así, países como Francia, Bélgica o Italia, pusieron en práctica la doctrina de la asimilación, por la que los colonizados se convertirían en ciudadanos de pleno derecho respecto a la metrópoli, y sus territorios pasarían a ser departamentos o provincias de la misma.
Al contrario, Gran Bretaña nunca pensó en convertir a la población indígena de sus colonias en ciudadanos británicos. Una administración indígena, supervisada por la metrópoli, debía aspirar al autogobierno.
Con independencia de lo anterior, los territorios colonizados se administraron siempre según dos categorías: colonias propiamente dichas y protectorados.
a) Colonias. Territorios donde la metrópoli elimina cualquier forma de autogobierno e impone sus funcionarios e instituciones para administrarlo. A partir de aquí podemos distinguir dos tipos de colonias.
ü  Colonias de Explotación. La metrópoli no intenta una colonización demográfica, sólo envía a funcionarios y militares para que organicen el gobierno y la administración. El objetivo es explotar los recursos naturales a través de empresas estatales o privadas de la metrópoli.
ü  Colonias de poblamiento. El objetivo es que la población mayoritaria del territorio colonizado sea europea, que emigra allí ante la débil presencia de población indígena y las favorables condiciones climáticas.
b) Protectorados: Territorios donde sobre el papel se mantiene el gobierno indígena en materia de política interior, pero en realidad dicho gobierno está sometido a la supervisión de la metrópoli.
2.2. Causas del Imperialismo colonial.
             La formación de los imperios coloniales desde el último tercio del siglo XIX tuvo como principales causas las siguientes:
a)     El desarrollo de la segunda fase de la revolución industrial, que con la necesidad de nuevas materias primas y espacios de inversión, hizo que las grandes potencias europeas, sobre todo el Reino Unido, Francia, EE.UU. y Japón se lanzasen a la conquista de África, parte de Asia y Oceanía para explotarlas económicamente.
b)     El crecimiento de la población europea y la mecanización agraria, que crearon un desequilibrio entre población y recursos que propició la emigración a las colonias.
c)      Las ventajas económicas de las colonias, que –por una parte- proporcionaban materias primas a bajo precio, algunas de ellas exclusivas como los productos coloniales (té, café, cacao, azúcar…) y, por otra, abren nuevos mercados que pueden solucionar el problema de la superproducción.
d)     La situación política en Europa, que llevó a muchos países a intentar controlar zonas estratégicas y territorios para aumentar su poder económico y su peso político internacional.
e)     Los progresos en los medios de transporte -sobre todo el ferrocarril y el barco de vapor- y las grandes obras de ingeniería como el canal de Suez, que permitió el paso directo  del Mediterráneo al Indico, conectando Europa con África Oriental y el sur y sureste asiático.
f)      El interés científico por explorar territorios desconocidos y la creencia que la raza blanca era superior y debía transmitir a éstos territorios su civilización, religión, cultura…
2.3. El reparto colonial del mundo
Puede afirmarse que entre 1876 y 1914 unos cuantos estados se repartieron, en forma de colonias una cuarta parte de la superficie del planeta, confirmando la división del mundo entre países fuertes y débiles, países avanzados y países atrasados. Fue así como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Estados Unidos y Japón se repartieron buena parte de África, Asia y Oceanía.
Los principales imperios coloniales fueron el francés y el británico. Gran Bretaña tenía grandes territorios en América del Norte (Canadá), Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), Asia (India, Birmania, Malasia, Hong-Kong…) y África: una banda continua que desde Egipto atravesaba África de Norte a Sur hasta Sudáfrica, además de enclaves en el golfo de Guinea como Nigeria.
Francia, por su parte, dominaba Indochina (SE asiático) y una gran parte del cuadrante noroeste del continente Africano (Marruecos, Argelia, Túnez, África Occidental –países subsaharianos- además de Madagascar.
Además, cabe destacar el control del Congo por Bélgica, el de Libia y Somalia por Italia; el de Angola y Mozambique por Portugal; el del África del Suroeste y Camerún por Alemania o el del Sahara Occidental por España.
Consecuencias del Imperialismo Colonial.
El imperialismo tuvo las siguientes consecuencias:
a)       ECONÓMICAS. Las metrópolis explotaron las riquezas materiales y la mano de obra indígena de sus colonias, creando un modelo económico asimétrico, donde la colonia produce materias primas y la metrópoli vende sus productos manufacturados. Además, se crearon estructuras económicas irracionales, obligando –por ejemplo- a que muchas zonas se especializaran en un monocultivo (té, cacao…) destinado al consumo de las metrópolis.
b)      DEMOGRÁFICAS Y SOCIALES. La población aumentó gracias a la inmigración europea a las colonias y a la caída de las tasas de mortalidad entre la población indígena, pero se produjo la segregación racial, ya que la raza blanca era considerada superior y por ello tenía más derechos.
c) POLÍTICAS. Los países colonizadores utilizaron sus colonias para aumentar su prestigio político y las usaron en sus conflictos con otras potencias. Sin embargo, la colonización creó serios conflictos entre las potencias: Entre Francia y Gran Bretaña, en el actual Sudán del Sur, (Incidente de Fachoda, 1898) por su mutuo interés de unir por ferrocarril sus colonias en los cuatro confines de África; entre Gran Bretaña y Alemania por la colonización de ésta última de África Oriental (actual Tanzania); entre Francia y Alemania ante el intento de esta última de establecer un protectorado en Camerún; entre Francia y Bélgica por el control del Congo…
     Para evitar conflictos se celebraron reuniones diplomáticas, destacando la Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada por Bismarck y que, pese a los acuerdos conseguidos, no tuvo el éxito deseado; o la Conferencia de Algeciras, que intentó resolver el reparto del protectorado sobre Marruecos que, finalmente, correspondió a Francia y España.
d)      CULTURALES. En todos los casos la cultura occidental se impuso a la cultura indígena (lengua, religión, costumbres…) en un proceso de aculturación.
3. LAS GRANDES POTENCIAS MUNDIALES EN EL CAMBIO DE SIGLO.
    En este apartado podemos incluir a representantes de tres continentes: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria-Hungría, Rusia, Estados Unidos y Japón.
GRAN BRETAÑA vive su esplendor político y económico como primera potencia mundial en la que se ha dado en llamar la época victoriana. El estado británico no había sufrido los sobresaltos de las revoluciones liberales y mantenía un sistema democrático estable basado en el bipartidismo entre los conservadores (torys) de Disraeli y los liberales (whigs) liderados por Gladstone.
Económicamente el país sigue siendo una potencia industrial y comercial basada en su política librecambista, mientras Londres es la capital financiera del mundo. Sólo algunos problemas coloniales y la cuestión de Irlanda alteran su normalidad política.
ALEMANIA Recordemos que la unificación alemana culminó en 1871, dejando a Guillermo I como Kaiser y a Otto von Bismarck como su canciller. Este impondrá un modelo político autoritario sobre un estado confederal dominado por Prusia, a la vez que Alemania se convertía en la primera potencia industrial de Europa.
Hasta 1890 Bismarck aumentó el poder internacional de Alemania gracias a su política de alianzas, pero ello se hacía desde un estado con serios problemas políticos (falta de democracia, militarismo…), lo que llevó a seguir una tendencia imperialista que acabaría llevando a Alemania hasta la Primera Guerra Mundial.
FRANCIA tuvo una convulsa historia política desde 1789: La revolución francesa, el imperio napoleónico, la restauración borbónica en las personas de Luís XVIII y Carlos X, la llegada de la dinastía de los Orleans, la implantación de la II República con Luís Napoleón III… La pérdida de la guerra Franco-Prusiana en 1870 fue un duro golpe para Francia, que supuso la abdicación del emperador (Napoleón III) y dio paso al estallido social de la Comuna de París (marzo-mayo de 1871)
En 1873 en Francia se había proclamado la III República, que estuvo salpicada de inestabilidad y corrupción política, lo que no impidió el desarrollo económico e imperialista francés. Símbolo de su pujanza económica fue la celebración en París en 1889 de una Exposición Universal que tuvo en la Torre Eiffel su símbolo para la posteridad.
AUSTRIA-HUNGRÍA inauguró el liberalismo en el reinado de Francisco José I (casado con la emperatriz Isabel, la famosa Sissi), durante el cual se produjo también la modernización económica de su Estado. Sin embargo los problemas nacionalistas en el seno del imperio austro-húngaro, sobre todo en los Balcanes, su dependencia financiera del capital extranjero y su nula intervención en el reparto colonial, mermaron su poderío internacional que –en cualquier caso- se mantuvo hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.
EL IMPERIO RUSO, bajo el dominio de la dinastía de los Romanov, era un gigante con los pies de barro que mantuvo hasta 1861 (cuando se prohibió la servidumbre legal) estructuras feudales. Desde entonces se emprendió una etapa de reformas de corte liberal que afectaron a la administración, la justicia y la economía. Rusia se abrió a las inversiones extranjeras, lo que le permitió un leve desarrollo económico. Sin embargo el descontento de la población ante la situación política, económica y social era evidente, lo que unido a los fracasos en el intento de controlar los Balcanes y la derrota en su guerra contra Japón en 1905, explican la situación que hará estallar las revoluciones de 1917.
JAPÓN sigue siendo a principios del XIX un país feudal, que iniciará su modernización en la llamada era Meiji con la apertura al exterior, lo que la convertirá en poco tiempo en una potencia industrial emergente con aspiraciones imperialistas, primero en Manchuria y Corea –donde se enfrentará militarmente a Rusia- y, después, en el Pacífico.
ESTADOS UNIDOS se había convertido desde la finalización de su Guerra de Independencia (1783) en una potencia mundial de primer orden. En apenas un siglo había concluido su conquista interior, se había anexionado Texas, Nuevo México y California, a costa de México, y había extendido su influencia política y económica por buena parte de América. Sólo la guerra civil entre 1861-1865 frenó temporalmente este progreso, que continuó con la compra de Alaska en 1867, la anexión de Puerto Rico y Filipinas tras su guerra con España en 1898, la de Hawai en 1900… Su decisiva intervención en la Primera Guerra Mundial la convirtió en potencia hegemónica occidental.
Su poder político se basó en su poderío económico, cimentado en sus enormes recursos, su rápido crecimiento territorial y demográfico, su hábil política imperialista y el desarrollo temprano de la sociedad de consumo, que la convirtió en el líder del capitalismo mundial.

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PAISES COLONIZADORES Y TERRITORIOS QUE POSEÍAN EN ÁFRICA
Alemania
África Occidental Alemana.  Incluía: Camerún; Togolandia (hoy Togo y parte de Ghana).
Bélgica
España
África Occidental Española, que incluía: Río de Oro (ahora Sáhara Occidental) e Ifni (ahora parte de Marruecos: Cabo Juby y Saguia el Hamra)
Francia
Protectorado de Marruecos (ahora parte de Marruecos)
África Occidental Francesa, que incluía: Mauritania, Senegal, Sudán Francés (ahora Malí), Guinea (Camerún Después de la I Guerra Mundial cuando la perdió Alemania), Costa de Marfil, Níger, Alto Volta (ahora Burkina Faso), Dahomey (ahora Benín)
Italia
Portugal
Reino Unido

Estados independientes
Liberia, fundada por la Sociedad Americana de Colonización de los Estados Unidos en 1821. Declaró su independencia en 1847.
Etiopía (Abisinia), sus fronteras fueron trazadas de nuevo con la Eritrea Italiana y Somalilandia Francesa, brevemente ocupada por Italia de 1936 a 1941 durante la Crisis de Abisinia de la Segunda Guerra Mundial.





miércoles, 15 de enero de 2020

TEMA 5: EL MOVIMIENTO OBRERO

UNIDAD 5: LAS CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: EL MOVIMIENTO OBRERO.

La combinación de las revoluciones políticas -iniciadas con la revolución francesa- y la revolución industrial produjo una profunda transformación de la sociedad europea durante el siglo XIX. La sociedad estamental, dominada por la nobleza y el clero, daría paso a una nueva sociedad: la sociedad de clases, dominada por la burguesía y en la que irá cobrando protagonismo la clase proletaria. Una y otra acabarán enfrentándose en el contexto de la aparición de nuevas ideologías y  el desarrollo del movimiento obrero.
1. LA SOCIEDAD DE CLASES.
    El enriquecimiento de la burguesía durante la revolución industrial y su conquista del poder político en el marco del estado liberal, contribuyeron a la progresiva desintegración de la sociedad estamental propia del antiguo régimen. Esta dará paso a una nueva sociedad en la que ya no era el nacimiento el que determinaba la situación social, sino que era la riqueza la que permitía clasificar a cada persona en una categoría social determinada. Es decir, se pasa de una sociedad estamental a una sociedad de clases económicas.
Por otro lado, la nueva sociedad deja de ser inmovilista desde el momento en que la adquisición o pérdida de riqueza permite la movilidad social y, aunque se define como igualitaria, desde el momento en que teoriza con el principio de que todos los hombres son iguales ante la ley, la falta real de igualdad de oportunidades hace que siga siendo piramidal.
Esta nueva sociedad de clases está caracterizada por cuatro hechos:
·         El predominio de la burguesía, que se convirtió en la clase dominante desde el punto de vista político, social y económico.
·         La movilidad social y la desaparición de los privilegios.
·         La aparición de una nueva clase social, el proletariado urbano, constituida por los obreros industriales.
·         La distribución por clases según se dispusiera de los medios de producción (burguesía) o sólo de la fuerza de trabajo que se vendía por un salario (proletariado).
En esta nueva sociedad, aunque se simplifican los niveles, cada uno presenta una gran heterogeneidad. Así dentro de la burguesía se distingue la alta burguesía, que incluye a los grandes terratenientes, los empresarios industriales o los banqueros; la burguesía media que acoge a comerciantes y representantes de profesiones liberales (médicos, abogados…) y la pequeña burguesía, que aglutina a los funcionarios de bajo rango, pequeños comerciantes y propietarios agrícolas, empleados…
Por debajo de la clase burguesa se encuentran la clase proletaria, donde se mezclan los obreros industriales y los jornaleros campesinos. Estos últimos habitan en las zonas rurales, mientras los primeros lo hacen en las ciudades.
La ciudad del siglo XIX va a reflejar claramente estas diferencias sociales. En principio las ciudades crecen gracias al efecto llamada del desarrollo industrial, lo que se traduce en el éxodo rural y la emigración masiva a las ciudades. En ellas la burguesía ocupa el nuevo centro de la ciudad, los ensanches, mientras el proletariado se hacina en los suburbios en un ambiente de pobreza y miseria, con una total carencia de servicios básicos y graves problemas de higiene, contaminación y ruido.
2. LAS CONDICIONES DE TRABAJO DE LA CLASE OBRERA.
    No puede entenderse el nacimiento y desarrollo del movimiento obrero sin conocer las condiciones de trabajo del proletariado. Hay que comenzar diciendo que el responsable de estas condiciones fue el liberalismo económico y su idea de la no intervención del Estado en la economía, lo que dejó a los trabajadores totalmente desprotegidos y a merced muchas veces de la codicia de empresarios sin escrúpulos. Su ansia de beneficios, la abundancia de mano de obra y la falta de leyes que regularan el mercado laboral diseñaron una situación donde:
* Las jornadas de trabajo eran muy largas, en ocasiones de hasta dieciséis horas diarias, sin días de descanso y bajo una disciplina durísima en la que cualquier infracción o descuido se penaba con multas que reducían aún más el salario.
* Existía una ausencia total de seguridad e higiene en el trabajo, lo que ocasionaba enfermedades crónicas (minas, fábricas…) y continuos accidentes laborales ante los que los obreros estaban totalmente desprotegidos.
* Era frecuente el trabajo infantil. Los niños, a partir de los cinco o seis años trabajaban en las minas y en las fábricas en las mismas condiciones que los adultos.
* Los salarios eran bajos en general, en particular en el caso de mujeres y niños. Los empresarios pagaban sueldos miserables porque abundaba la mano de obra a causa del crecimiento de la población y porque la mecanización industrial creaba paro.
* La contratación y el despido eran totalmente libres. Los empresarios imponían las condiciones a su antojo y no existía ni derecho a indemnización ni al cobro de desempleo.
* No se contemplaba la existencia de vacaciones ni de seguridad social que cubriera un sueldo mínimo en caso de baja por enfermedad o la propia asistencia médica, así como tampoco existía el seguro de vejez (pensión).
* Se prohibía a los obreros asociarse para defender sus derechos laborales y frecuentemente se consideraba ilegal el ejercicio de huelga y manifestación.

3. EL MOVIMIENTO OBRERO
3.1. Los inicios del movimiento obrero
      Poco a poco los obreros empezaron a ser conscientes de la necesidad de unirse en su lucha para mejorar sus pésimas condiciones de vida y trabajo. Surge así el movimiento obrero. Al principio se trataba de acciones de protesta aisladas y desorganizadas; después los obreros comenzaron a asociarse emprendiendo la lucha sindical y, finalmente, la aparición de nuevas ideologías anticapitalistas les llevaron a reivindicar no sólo derechos laborales sino también sociales y políticos como la reducción de la jornada laboral o el derecho de asociación.
Como no podía ser menos las primeras reacciones de los obreros contra su situación se produjeron en Gran Bretaña, cuna de la revolución industrial. Allí, en la década de 1810-1820 surge un movimiento denominado Ludismo: Grupos de obreros que destruían las máquinas como forma de protesta creyendo que la mecanización era el origen de sus males. pero la burguesía actúo rápido y en 1812 una ley del parlamento británico establecía la pena de muerte para quien atentara contra una máquina.
El siguiente paso será la creación de asociaciones de obreros, también en Inglaterra, aprovechando que en 1824 se abolieron las leyes que las prohibían. Las primeras asociaciones fueron las llamadas Trade Unions: Asociaciones locales de trabajadores de un mismo oficio que tenían como objetivo obtener mejores condiciones de vida y trabajo. Su modelo eran los antiguos gremios, por eso las más fuertes fueron las que integraban a los obreros más cualificados de la industria textil y de otros oficios tradicionales.
Las Trade Unions ganaron importancia cuando a iniciativa de Robert Owen se creó una especie de Trade Unions nacional e intersectorial, es decir agrupaba asociaciones de diversos oficios a nivel nacional. Sin embargo, cuando esta asociación apostó por la huelga como método de lucha el gobierno la declaró ilegal y fue perseguida.

El siguiente paso fue el intento de los trabajadores de conseguir reformas por la vía política, haciendo llegar sus reivindicaciones al parlamento (donde recordemos no están representados debido al sistema del sufragio censitario). A este movimiento, iniciado en Inglaterra, se le denominó Cartismo, debido a que una asociación de trabajadores envío al Parlamento británico la llamada Carta del Pueblo (1838) con peticiones políticas y laborales favorables a los obreros.
El cartismo puede calificarse de movimiento capitalista o al menos contrario a los intereses de la alta burguesía. Pero, ¿cuáles eran las principales demandas del cartismo?
·         El sufragio universal masculino
·         El voto libre y secreto
·         La supresión del requisito de ser propietario para ser elegido parlamentario
·         El establecimiento de un sueldo para los parlamentarios que garantizase que aquellos que no dispusieran de rentas personales pudieran dedicarse a la representación política
·         Un parlamento de cámara única renovable anualmente.
·         Modificar las circunscripciones electorales para garantizar una representación equitativa.
·         Mejoras laborales como la reducción de jornada a diez horas diarias.

Finalmente, otros movimientos criticaron los problemas generados por la industrialización y el desarrollo del capitalismo burgués. Entre ellos cabe destacar el llamado Socialismo Utópico, un movimiento de las primeras décadas del siglo XIX que cabe definir como una corriente ideológica anticapitalista, que pretendía lograr la intervención del Estado en la economía para mejorar las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.
El nombre le fue dado por Marx y Engels al considerar que las ideas, proyectos  y soluciones aportadas eran ideales e inalcanzables. El socialismo utópico –al igual que el posterior marxismo- denunciaba la desigualdad y la injusticia social, creyendo que esta derivaba de la existencia de la propiedad privada. Por tanto había que construir una sociedad más justa, pero a diferencia del marxismo no se oponía al liberalismo político ni ponía en cuestión la estructura de la sociedad burguesa.
Ideas de algunos socialistas utópicos:
Saint-Simón proponía la creación de una sociedad ideal gobernada por un empresario aconsejado por sabios y cuyo principal objetivo sería mejorar las condiciones de las clases humildes.
Charles Fourier también propuso una nueva sociedad basada en cooperativas de producción o falansterios: comunidades autosuficientes que reunirían a unas 1.000 personas. Dispondrían de tierras para agricultura y para diversas actividades económicas, para viviendas y para una gran casa común. Todo estaría regulado y las personas trabajarían en función de su capacidad y recibirían lo necesario para cubrir sus necesidades.
Robert Owen fue un gran empresario de la industria textil que fundó una cooperativa en su fábrica escocesa de New Lanark. Su idea era que el rendimiento del obrero mejora cuando aumenta su calidad de vida, por eso establece un sistema en el que el obrero es recompensado con un salario suficiente que aumenta en  función de su producción, pero previamente se le concede una vivienda digna, se mejoran sus condiciones de higiene y salud, se le proporcionan escuelas y economatos, se limita su jornada laboral (diez horas y media), se prohíbe el trabajo infantil… Owen cree también en la necesidad de la intervención del estado en la economía para mejorar las condiciones de los obreros.
Louis Blanc, propuso la colaboración entre el estado y los obreros a través de la creación de los talleres nacionales, una especie de cooperativas patrocinadas por el estado donde los salarios serían justos e iguales (para evitar que el juego oferta-demanda los hundiese).
Flora Tristán adopta una posición feminista al considerar que la discriminación y explotación de la mujer deriva de que se les niega la educación y formación intelectual, pero ello es extrapolable al conjunto de la clase obrera que,-según ella- debía unirse para luchar por sus derechos. Con ello anticipa la idea de la creación de una Internacional obrera.
3.2. El desarrollo del movimiento obrero.
       Desde mediados del XIX, el movimiento obrero se verá impulsado gracias al desarrollo de nuevas formas de organización de los trabajadores y de lucha obrera y a la aparición de ideologías de tendencia anticapitalista. Así, podemos destacar:
·         El progreso del sindicalismo, movimiento por el que los obreros se asocian para organizar su lucha o la negociación con los empresarios y con el Estado, con el fin de obtener mejores condiciones laborales.
·         El uso de la huelga general como medio de presión para obtener mejoras laborales para el conjunto de los trabajadores. Sin embargo, pronto la burguesía declaró ilegales, tanto las huelgas como a los propios sindicatos, que tuvieron que llevar a cabo su actividad en la clandestinidad, al menos hasta finales del siglo XIX.
·         La aparición y desarrollo de dos ideologías revolucionarias que tenían como objetivo la destrucción del capitalismo, al que consideraban responsable de la explotación de la clase obrera. Por un lado, los alemanes Karl Marx y Friedrich Engels darán origen a un particular pensamiento obrero, el marxismo, o socialismo científico, que será seguido en todo el mundo. Contemporáneamente el ruso Mijaíl Bakunin y el francés Pierre-Joseph Proudhon, sientan las bases del anarquismo.
·         La fundación de las Internacionales Obreras.
3.2.1. El desarrollo del socialismo: El Marxismo
A lo largo del siglo XIX el socialismo adoptó distintas formas. Su origen está en el socialismo utópico, pero evolucionaría hacia el socialismo científico o marxismo en la segunda mitad del XIX. No obstante el socialismo decimonónico tiene unas bases comunes:
·         La oposición al capitalismo
·         La exaltación de la igualdad social
·         La preocupación por el interés general de la sociedad antes que por los particulares de cada individuo.
·         La defensa de la propiedad colectiva o social antes que la propiedad privada.
·         El reparto de la riqueza social en función del trabajo y no del capital que se posea.

El socialismo científico o marxismo es una teoría política y económica basada en el pensamiento de Marx y Engels, y desarrollada en la obra El capital. Estos autores plantearon un enfoque historicista llamado materialismo histórico (considera toda la realidad como el producto de un devenir histórico) Según este la realidad es una lucha constante entre clases sociales y esa lucha generaba cambios en la sociedad. El materialismo histórico considera que es la economía, las relaciones productivas, la que determina la estructura social.
El marxismo entiende que la penosa situación de la clase obrera es consecuencia del sistema económico capitalista que permite al empresario adueñarse de la plusvalía (el valor que el trabajo no remunerado al trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y que se apropia gratuitamente el capitalista) en base a que éste posee el capital y, con él, la propiedad de los medios de producción.
Para solucionar el problema el marxismo propone un cambio total de las relaciones económicas, sociales y políticas a través de la lucha de clases. ¿En qué consiste y cuál es su objetivo? La clases trabajadora, organizada a través de un partido obrero, debía enfrentarse a la burguesía a través de la revolución, lograr su desaparición y conquistar el poder político implantando la llamada dictadura del proletariado. Una vez alcanzado el poder, se desmontaría el sistema capitalista y se colectivizarían los medios de producción, es decir, se pondrían al servicio de toda la comunidad. Así, se transformaría la estructura de la sociedad al implantar una sociedad sin clases en la que ya no habría opresores ni oprimidos.
Así se llegaría a la sociedad comunista, una sociedad libre, sin clases ni Estado opresor.
A finales del XIX el socialismo científico comienza a escindirse en dos tendencias. Una es la representada por los llamados revisionistas, que pretendían integrar a la baja burguesía que compartía las ideas socialistas y luchar por mejorar las condiciones del proletariado políticamente desde el sistema democrático. La otra, dirigida por Rosa Luxemburgo, mantenía el valor de la revolución de las masas como método para alcanzar el poder y forzar los cambios. La primera tendencia deriva hacia el socialismo democrático, la segunda hacia el comunismo.
3.2.2. El anarquismo.
El anarquismo, que etimológicamente significa sin autoridad, es una teoría política basada en el pensamiento de Pierre Joseph Proudhon y –sobre todo- Mijail Bakunin. Coincide con el marxismo en la oposición al capitalismo, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la consecución de una sociedad libre, igualitaria y sin clases, a la que se llegaría tras la revolución espontánea de las masas.
El anarquismo se oponía a cualquier forma de gobierno, pues entiende que gobernar supone ya una coacción. Por eso defiende la libertad del individuo y la desaparición de todas las autoridades. Su organización social ideal se basa en las comunas, pequeñas agrupaciones libres de personas que se autoabastecerían y en las que no existiría propiedad privada.
Aunque la mayoría de los anarquistas fueron pacíficos, algunos lucharon con métodos violentos, llegando a atentar contra el zar ruso Alejandro II o el rey de España Alfonso XIII.

4. LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL MOVIMIENTO OBRERO
El asociacionismo obrero tomó impulso a partir de 1860, sobre todo como consecuencia del apoyo del socialismo y los contactos de líderes obreros de distintos países, perseguidos en sus estados y obligados a exiliarse, sobre todo, a Londres. Estos hechos favorecieron el desarrollo de las internacionales obreras.
Estas surgieron en la década de 1860, cuando los líderes obreros de distintos países tomaron conciencia de que los problemas que afectaban al proletariado eran los mismos en todas las naciones y se plantearon la necesidad de asociarse para que su lucha tuviera más fuerza. Así, por ejemplo, se pretendía acabar con la costumbre de la patronal de contratar obreros de otro país cuando había una huelga en un sector concreto o una huelga general. El objetivo era crear un clima de solidaridad entre los trabajadores.
Durante esta época se crearon dos Internacionales obreras:
La primera Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores. Se fundó en Londres en 1864 y pronto se implantó en Francia, Bélgica, Suiza, Alemania, Italia y España. Sin embargo sólo duró hasta 1876, debido sobre todo a dos razones:
La persecución que sufrió por parte de los gobiernos, que reprimieron con dureza las huelgas y manifestaciones obreras.
Las disputas entre marxistas y anarquistas por los métodos de lucha. Los primeros querían intervenir en la vida política a través de partidos políticos, los segundos creían que se debía actuar por medio de los sindicatos.
Los anarquistas fueron expulsados en 1872 de la Internacional, que se disolvió en 1876.
La Segunda Internacional Se fundó en París en 1889 y su principal reivindicación fue conseguir la jornada laboral de ocho horas, para lo que establecieron el día 1 de mayo como día de protesta. Apoyada en los partidos socialistas, la II Internacional también reivindicaba la prohibición del trabajo infantil, la subida de salarios o el sufragio universal. Además se impuso la aceptación de la acción política como método de lucha, lo que dejó fuera a los anarquistas.
La II Internacional desapareció como consecuencia de la tensión política en Europa que acabó desembocando en la Primer Guerra Mundial y del triunfo de la Revolución Rusa. En el primer caso, los obreros de cada país se pusieron de parte de sus respectivos gobiernos en la guerra, anteponiendo así los intereses nacionales a los intereses de clase. Eso los desunió.
En el segundo caso, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia y la esperanza de que esto sirviese de modelo para la revolución proletaria, llevó a la organización en 1919 de la llamada  Tercera Internacional o Internacional Comunista, que volvía a recuperar la idea de la revolución como método para liquidar el capitalismo e implantar repúblicas soviéticas siguiendo el modelo ruso.
La mayoría del socialismo europeo se negó a ingresar en la Internacional Comunista, pero algunos pequeños grupos se separaron de los partidos socialistas para hacerlo, creando los que se llamaron desde entonces partidos comunistas (El PCE surge en 1921 como una escisión del PSOE, creado por pablo Iglesias en 1879). Así, en 1924 los partidos socialistas deciden crear la Internacional Socialista.