martes, 19 de noviembre de 2019

TEMA 4: La implantación del liberalismo

UNIDAD 4: LA IMPLANTACIÓN DEL LIBERALISMO. REVOLUCIONES Y CAMBIO (1814-1870)

El inicio de la Edad Contemporánea se produce realmente cuando la combinación de las transformaciones propiciadas por las revoluciones socioeconómicas y los cambios inducidos por la Revolución Francesa precipitan la caída del Antiguo Régimen. En muy poco tiempo el cambio será total: En el terreno político el absolutismo da paso al sistema política liberal; en el campo económico el viejo mercantilismo es definitivamente sustituido por el capitalismo y, en el ámbito social, la caduca sociedad estamental se derrumba para dar paso a la nueva sociedad de clases, donde la burguesía pasa a ser la clase dominante.
Sin embargo, a veces los cambios son sólo aparentes y aunque la nueva era parece marcada por el triunfo de las libertades, la supresión de los privilegios y el avance de la igualdad de derechos, ello no responde a la auténtica realidad. Por el contrario, cuando la burguesía alcanza el poder político no se lanza a construir una sociedad libre e igualitaria (objetivo de algunos ilustrados), sino que –en lo político- diseña una sociedad que favorezca sus intereses de clase, negando con ello a las clases populares derechos y libertades.
Con el poder político en la mano, la burguesía impondrá en lo económico un capitalismo salvaje basado en la explotación del proletariado, al que impone penosas y miserables condiciones de vida que éste intentará mejorar a través de la lucha obrera.
 Por otro lado, el XIX es en toda Europa un siglo de efervescencia política. Al inicial triunfo del liberalismo le sigue la reacción absolutista en lo que se ha dado en llamar la Europa de la Restauración; ello provoca sucesivos brotes revolucionarios, especialmente importantes en 1820, 1830 y 1848.
El desarrollo del sistema liberal hace que en lo político este sea el siglo de las Constituciones, el nacimiento del sistema de partidos políticos, los ensayos republicanos, las monarquías constitucionales, las luchas por conquistar derechos y libertades.... pero también del nacionalismo, cuyo desarrollo –animado por la corriente cultural del romanticismo- tendrá consecuencias opuestas: desde el nacimiento de nuevos estados, caso de Grecia, Italia o Alemania, al debilitamiento de viejos imperios (Turco, Austro-Húngaro), lo que al entrecruzarse con los intereses de las potencias imperialistas (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia), creará las condiciones que derivarán en el estallido de la I Guerra Mundial.
1. LA RESTAURACIÓN Y EL CONGRESO DE VIENA. (1814-1815)
La derrota de Napoleón –parcial en Leipzig (1813), lo que le llevó al destierro de la isla de Elba, y definitivo en Waterloo tras el breve Imperio de los Cien Días- llevó a sus vencedores –Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia- a reunirse en Viena para establecer un nuevo orden y regular las relaciones internacionales en Europa. En la capital austríaca se inicio un proceso que se ha dado en llamar La Restauración, cuyos objetivos principales fueron tres:
·         Renunciar expresamente a la revolución como método de cambio político.
·         Reforzar la legitimidad monárquica frente a la soberanía popular, es decir, restaurar el absolutismo.
·         Preservar el equilibrio de fuerzas entre las potencias europeas.
     Los vencedores de Napoleón –Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia- se reunieron en Viena entre mayo de 1814 y noviembre de 1815 para restaurar el orden político que había alterado el imperio napoleónico.
El primer paso fue firmar la paz con Francia, lo que se hizo en la llamada primera Paz de París (1814). En ella se acuerda restituir a los Borbones en el trono francés en la persona de Luís XVIII, lo que significó restaurar el absolutismo en Francia; a la vez que se volvía a las fronteras que Francia tenía antes de 1792.
Pero además se plantearon otros objetivos como:
Proteger y reforzar la legitimidad monárquica de los reyes absolutos. Para ello se reúnen Austria (Francisco II), Rusia (Alejandro I) y Prusia (Federico Guillermo III), que firmarán el TRATADO DE LA SANTA ALIANZA. Fue un pacto político-religioso dirigido contra los movimientos liberales y nacionalistas, que proponía la intervención milita para ayudar a los reyes absolutistas cuando éstos estuvieran amenazados por revoluciones liberales. Así, en España, la Santa Alianza intervino militarmente con los llamados Cien Mil Hijos de San Luis para acabar con el gobierno del Trienio Liberal y reponer a Fernando VII como rey absoluto.
· Dado que el objetivo del tratado era proteger y reforzar a los estados absolutistas, y Gran Bretaña no lo era, este país no se adhirió al mismo, pero propuso la creación de la CUÁDRUPLE ALIANZA que firmaron Inglaterra y los tres miembros de la Santa Alianza (noviembre de 1815). Su objetivo era frenar en origen cualquier movimiento expansionista para evitar nuevas guerras europeas, ello mediante la colaboración militar de los firmantes, aunque lo más novedoso del tratado fue su sexto artículo que promovía la celebración de conferencias para solucionar los problemas entre estados europeos.
En 1818 Francia se sumó a este tratado que, desde entonces, pasó a denominarse la QUÍNTUPLE ALIANZA
Recomponer el mapa político de Europa. Napoleón había transformado el mapa político de Europa al crear nuevos estados y someter a otros existentes. El Congreso de Viena quería recomponer el espacio político desde la base de crear estados fuertes y viables, a la vez que se favorecía a los vencedores en las guerras napoleónicas.. Así, el nuevo mapa de Europa surgido del Congreso de Viena presentaba las siguientes características:
·         Francia volvió a sus fronteras de 1792.
·         Bélgica y Holanda se agruparon en un mismo estado, denominado Países Bajos. Este se concebía como un estado tapón para frenar en el futuro posibles aventuras expansionistas de Francia.
·         Italia se mantiene dividida en diversos estados. El reino de Piamonte (que incluye Génova y Saboya) también se concibe como un estado tapón, mientras el reino Lombardo-Venetto queda bajo el control de Austria.
·         En el centro de Europa se crea la Confederación Germánica, una confederación de 39 estados alemanes liderados por Austria y Prusia.
·         Este último estado se anexiona la región de Renania (otro estado tapón)
·         Polonia pierde parte de su territorio a favor de Austria y Prusia.
Este nuevo mapa de Europa se mantuvo durante algunos años, pero el descontento de algunos territorios y los intereses enfrentados de las propias potencias crearon nuevas tensiones que pusieron las bases de conflictos posteriores, que estallaron en las oleadas revolucionarias de 1820, 1830 y 1848, donde se mezclan ideas liberales y nacionalistas.
Estas tensiones se produjeron:
·         Entre Austria y Rusia por sus deseos expansionistas en Polonia y la zona de los Balcanes.
·         Entre Austria y Prusia por el control de los territorios de la Confederación Germánica.
·         Entre Rusia y Gran Bretaña, ya que ésta quiere imponer su idea del equilibrio de fuerzas en Europa para que ninguna potencia consiga la hegemonía, pero Rusia entiende que Inglaterra impone su hegemonía naval en el continente.

LIBERALISMO, NACIONALISMO Y ROMANTICISMO. LAS BASES DE LA REVOLUCIÓN.
2. EL LIBERALISMO POLÍTICO.
2.1. La ideología liberal.
     El liberalismo político puede definirse como la ideología y el sistema que se desarrolló en el siglo XIX y cuyo objetivo era defender la libertad del individuo, por lo que se opone al poder absoluto de los reyes y defiende principios como la soberanía popular, la división de poderes y la necesidad de una constitución que recoja los derechos y libertades del individuo.
El liberalismo defiende los intereses económicos y políticos de la burguesía, ya que para esta doctrina el poder debían ejercerlo los que poseían la riqueza. Por eso rechazan la sociedad estamental y defienden la sociedad de clases, donde la posición social viene dada por la riqueza que se posea.
 Los primeros que se dieron a sí mismos el nombre de liberales son los adversarios de Napoleón en España, aunque el primer partido liberal no se funda hasta 1850 en Inglaterra. Sin embargo, la ideología liberal entronca ya con los “filósofos” de la Ilustración y sus ideas de Libertad, Igualdad, Separación de Poderes..., quedando materializada en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano.
PRINCIPIOS LIBERALES
La ideología liberal girará en torno a cinco principios políticos:
La soberanía nacional. Parte de la idea de que el poder reside en el pueblo, que no lo ejerce directamente sino que lo delega en sus representantes políticos en el Parlamento a través de un sistema electoral basado en el sufragio censitario. La representación política será canalizada a través del sistema de partidos políticos
La separación de poderes. El poder del estado debe estar dividido en tres grandes poderes. El ejecutivo, el legislativo y el judicial, que en ningún caso podrán concentrarse en manos de una sola persona o institución.
La primacía de la Constitución. Esta se concibe como la ley de leyes, es decir el marco legal que ha de ordenar la vida política, económica y social del estado y que, además, debe explicitar los derechos y libertades que han de tener los ciudadanos.
El reconocimiento de libertades. Se basa en el principio ilustrado de la libertad y deriva en la obligación que el estado tiene de garantizar y defender una serie de libertades individuales, entre los que destacan: libertad de pensamiento, de expresión, de reunión, de asociación, de prensa… A estas se unen la libertad religiosa, que lleva a la separación entre Iglesia y Estado y la libertad económica, que supone el respeto de la propiedad privada y la no intervención del Estado.
El reconocimiento de derechos. Son derechos que el estado debe reconocer al individuo por el solo hecho de ser ciudadano. Derivan de los principios ilustrados: derecho de propiedad, derecho de igualdad política e igualdad ante la ley…
2.2. Las corrientes del sistema político liberal.
El liberalismo fue en su desarrollo un movimiento heterogéneo, debido sobre todo a que los principios de igualdad y libertad son interpretados de distinta forma según la época y el lugar. No obstante puede decirse que el liberalismo adopta, básicamente, dos formas:
a) El liberalismo doctrinario.
    Sus seguidores se oponen a menudo, por igual, a la Democracia y al Antiguo Régimen. Aunque aceptan el principio de soberanía popular le imponen dos límites: que no sea ejercida directamente por el pueblo sino que ello se haga a través de delegados, y que éstos sean elegidos por los más “capaces”, es decir por aquellos que han conseguido un cierto nivel de riqueza, de ahí que impongan el sufragio censitario.
Asimismo, exigen la elaboración de una Constitución en la que se reconozcan algunos derechos y libertades pero restringiendo otros en beneficio propio.
Los doctrinarios aceptan también el principio de la división de poderes, diseñando un sistema donde: el poder ejecutivo es compartido entre el rey y el gobierno, al que sólo pueden pertenecer los más capaces; el parlamento, dividido en dos cámaras, una electa y otra hereditaria o designada por el rey, y el poder judicial.
b) El liberalismo social.
     Esta corriente acepta sin matices la soberanía nacional, por ello propone un sufragio menos restrictivo. También se comprometen con el reconocimiento de derechos y libertades, llegando incluso a tener una cierta preocupación por el problema social, lo que les lleva a aceptar un mínimo grado de intervención del Estado.
3. EL LIBERALISMO ECONÓMICO.
3.1. El Capitalismo Liberal.
   El capitalismo liberal es el resultado de la aplicación de la ideología liberal al favorecimiento de los intereses económicos de la burguesía y se materializa en una idea: la libertad de actuación de todos los sectores de la economía. Según ésta, el estado no debía intervenir en las decisiones de la empresa privada, por tanto, los empresarios capitalistas tenían total libertad para fijar salarios y contratar o despedir trabajadores, a los que el estado no debía proteger con leyes ni ayudas.
El Estado debía limitarse a garantizar la libertad de mercado y proteger los intereses individuales y debía abstenerse de intervenir en la economía o de organizar la sociedad.
 Esto originó grandes injusticias sociales que derivaron en el nacimiento del movimiento obrero para defender los derechos de los trabajadores.
La frase que define el liberalismo económico es Laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar) y sus principales teóricos David Ricardo y, sobre todo, Adam Smith, que formuló los cinco principios básicos del liberalismo económico, a saber:
a) La riqueza de un país se deriva del trabajo y la producción.
b) Ambos dependen de la iniciativa privada, que no debe ser coartada por el Estado, ya que el mercado se regula por leyes naturales como la de la oferta y la demanda, que establece que los precios se fijan en función de estos dos factores del mercado. Así, si la demanda supera a la oferta, los precios suben y si ocurre lo contrario bajan. Ello afecta también al mercado de trabajo, de modo que si la demanda de trabajo supera a la oferta, los salarios bajan.
   David Ricardo llegará a sostener (Ley de Bronce de los Salarios) que los salarios de los obreros deben permanecer siempre bajos, ya que su subida provocaría un aumento del nivel de vida, una mayor demanda de productos y una elevación de precios que empeoraría la situación del proletariado.
c) El interés personal favorece a toda la sociedad. Si un empresario produce para enriquecerse favorece la riqueza del país. Pero también lleva a la idea de que cada individuo debe procurar su propio interés, sin esperar la ayuda del estado. Eso se traduce en el enriquecimiento de la burguesía y la vida miserable de los obreros. Los seguidores de la Escuela de Economía Clásica llegan a sostener el carácter inevitable de la miseria y, por tanto, la no asistencia social del Estado.
d) Los gobiernos no deben intervenir en los procesos de producción ni en el comercio. La empresa privada ha de funcionar sin obstáculos y tener la máxima iniciativa individual. El papel del Estado debe limitarse a garantizar la vida, la propiedad y el orden interior.
e) El libre comercio debe imponerse a escala mundial, lo que implica la desaparición de aranceles y el triunfo del librecambismo. No obstante, el Estado, en defensa de su burguesía podrá adoptar medidas proteccionistas.
3.2. El liberalismo económico moderado.
     Surge como respuesta a los abusos e injusticias que genera el capitalismo salvaje y se diferencia del anterior en la aceptación de la intervención del Estado. Algunos de sus seguidores llegan a proponer la limitación del maquinismo y otros, como John Stuart Smith, proponen la creación de cooperativas de producción o la limitación del derecho de herencia.

4. LAS REVOLUCIONES LIBERALES DE 1820, 1830 Y 1848.
    El avance de las ideas liberales, triunfantes en la Revolución Francesa, fue bruscamente frenado en el Congreso de Viena, sobre todo a través del instrumento de la SANTA ALIANZA, si bien, la restauración absolutista fue a veces espontánea, como ocurrió en España tras la vuelta de Fernando VII en 1814, que supuso la vuelta al absolutismo con la derogación de la Constitución de 1812 y los decretos emanados de las Cortes de Cádiz
En cualquier caso, las ideas liberales habían calado hondo y su conquista del poder se desarrollaría en sucesivos episodios, destacando los de 1820, 1830 y 1848.

4.1 Las revoluciones de 1820.
     La oleada revolucionaria que recorrió Europa en 1820 afectó fundamentalmente al sur de Europa, más concretamente a España, Nápoles, Sicilia, Portugal y Grecia. En los dos primeros estados fracasó la implantación de monarquías constitucionales debido a la intervención de los vecinos estados absolutistas, pero en el caso de Grecia el movimiento revolucionario concluyó con su independencia del Imperio Otomano.
Pero este es también el momento en que en América se independizaron las colonias de España y Portugal, dando como resultado el nacimiento de diversas repúblicas.
Al principio, la agitación liberal sólo da paso a la insurrección cuando cuenta con el apoyo de una fracción del ejército que utiliza el pronunciamiento como método de cambio político. Así ocurrió en España con el pronunciamiento del coronel Riego en Cabezas de San Juan (1820), destinado a restablecer el sistema constitucional de 1812 en contra del absolutismo de Fernando VII.

4.1.1 España.
La primera etapa del reinado de Fernando VII, el sexenio absolutista (1814-1820) concluye bruscamente en enero de 1820, cuando el Coronel Riego y el general Quiroga se sublevan en Las Cabezas de San Juan con las tropas destinadas a sofocar la sublevación de las colonias españolas en América.
Riego proclamó inmediatamente la restauración de la Constitución de 1812 y las instituciones constitucionales, tras lo que el pronunciamiento fue ganando seguidores hasta el 10 de marzo, fecha en la que se publicó un manifiesto de Fernando VII acatando la Constitución de Cádiz que, dos días antes, el 8 de marzo, había jurado en Madrid.
Se inicio entonces la etapa conocida como el Trienio Liberal, en la que se recuperan algunas de las medidas liberales adoptadas entre 1812-1814 (supresión de la Inquisición, Libertad de imprenta…)
Sin embargo, los problemas del período (crisis económica, división de los liberales entre doceañistas y veinteañistas, independencia de las colonias americanas…) y la traición del rey, que negoció en secreto con la Santa Alianza la invasión de España iban a suponer el final violento de esta segunda experiencia liberal. Así, los integrantes de la Santa Alianza (Prusia, Austria, Rusia y la recién sumada Francia) deciden en el Congreso de Verona (octubre de 1822) acudir en ayuda del Borbón español, lo que se materializa en el envío de los «Cien Mil Hijos de San Luis» (95.000 hombres del ejército francés, bajo el mando de Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema), el mes de abril de 1823. Tras atravesar los Pirineos este ejército no encontró oposición, acorraló a las fuerzas liberales, que retrocedieron hasta Cádiz junto con el gobierno y el propio rey que, tras la derrota liberal fue restituido como rey absoluto, iniciando la última etapa de su reinado: La década ominosa.
------------------------------------ FINAL DEL PRIMER TRIMESTRE ------------------------

4.1.2. La independencia de la América Española.
a) Causas de la independencia.
        Entre las principales causas de la independencia podemos destacar cuatro:
·         La difusión de las ideas de la Revolución Francesa y, sobre todo, el ejemplo cercano de la independencia de los Estados Unidos, que sirvieron de modelo para, por un lado, derribar las bases del Antiguo Régimen en América y, por otro, para desvincularse del colonialismo español.
·         El descontento de la burguesía criolla (españoles nacidos en América), que pese a poseer la riqueza económica era marginada a la hora de ocupar los altos cargos del gobierno en América, Los criollos también se sentían descontentos en el terreno comercial, pues el comercio colonial debía de hacerse a través de intermediarios peninsulares.
·         La situación conflictiva y de debilidad internacional de España, que concentraba sus esfuerzos en luchar en su propia guerra de independencia contra el invasor francés.
·         La ayuda prestada a los criollos por Gran Bretaña y Estados Unidos, que aspiraban a sustituir a España en el control del comercio americano. Además, Estados Unidos, a partir de la doctrina de su presidente Monroe, y bajo el lema América para los americanos, inició una política contraria a la intervención europea en este continente.
b) Etapas y desarrollo de la independencia.
       En el proceso de independencia de América latina pueden distinguirse dos etapas:
a) La primera coincide con la guerra de la independencia de España contra las tropas napoleónicas entre 1808 y 1814. Al igual que en España, en América el gobierno recayó en principio en las Juntas locales, defensoras de la legitimidad monárquica de Fernando VII. Sin embargo, el deseo de independencia vinculado en este caso a las ideas ilustradas, provocó pronto insurrecciones populares lideradas por los criollos y facilitaron el autogobierno. La mejor muestra está en Venezuela, que declaró unilateralmente su independencia en 1811.
b) La falta de unidad entre los criollos, el final de la Guerra de la Independencia en España y la vuelta al trono de Fernando VII, marcan el inicio de la segunda etapa. En un primer momento los ejércitos absolutista avanzan en la reconquista del poder en América, pero en 1816 el Congreso de Tucumán proclamó la independencia de la futura Argentina y abrió un proceso imparable:
En 1817 el general San Martín vence a las tropas españolas en la batalla de Chacabuco y al año siguiente se proclama la independencia de Chile.
En 1819 el libertador Simón Bolívar se proclama presidente de la Gran Colombia (que incluye Venezuela, Colombia y Ecuador) y tras la batalla de Carabobo se proclama oficialmente su independencia en 1821.
La acción combinada de Bolívar desde el norte y San Martín desde el sur logran en 1821 la independencia de Perú.
Ese mismo año, y aprovechando los problemas en España durante el Trienio Liberal, consiguen su independencia México y la mayor parte del territorio de América Central.
En 1824, la victoria del general Sucre en Ayacucho supuso la independencia de Bolivia.
c) Consecuencias de la independencia de la América española.
    La independencia de la América española puso fin a tres siglos de dominio español en este continente, ya que sólo mantuvo las colonias de Cuba y Puerto Rico, El proceso tuvo las siguientes consecuencias:
·         La burguesía criolla consiguió sus objetivos: independizarse de España y alcanzar el poder político.
·         Los antiguos virreinatos españoles se fragmentaron en numerosos estados que, como Estados Unidos, adoptaron la república como forma de estado. Sin embargo, y pese a los deseos de libertadores como Bolívar, no consiguieron imitar a su vecino del norte creando una confederación de estados.
·         Las nuevas repúblicas se convirtieron en estados débiles, sometidos al poder de los ricos hacendados y del estamento militar, que a través de los golpes de estado quitaban y ponían gobiernos a su antojo.
·         Socialmente apenas hubo cambios respecto a la época colonial, salvo la abolición de la esclavitud,
·   El dominio español en América fue progresivamente sustituido por la influencia británica y estadounidense.
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4.1.3. La independencia de Grecia.    (Incluido en la materia del 4º parcial del prime trimestre)
   Al iniciarse el siglo XIX Grecia estaba sometida al Imperio Turco que, ya por entonces mostraba claros síntomas de debilidad y descomposición. Quizás por ello y enarbolando las banderas del liberalismo y el nacionalismo, la burguesía griega emprende un movimiento de independencia que culmina en el levantamiento popular de 1821.
Esta sublevación está interesadamente apoyada por Gran Bretaña, Austria-Hungría y Rusia, que desean el debilitamiento del imperio turco para dominar la zona de los Balcanes y hacerse con el control de las rutas comerciales de este extremo del Mediterráneo. Los griegos también contaron con el apoyo personal de conocidos liberales pertenecientes al mundo de la cultura, como el poeta británico Lord Byron o el pintor francés Eugenio Delacroix.
La independencia de Grecia se proclamó en el Congreso de Epidauro de 1821, pero la oposición de los turcos desencadenó una larga guerra en la que los griegos tuvieron el apoyo de Inglaterra, Francia y Rusia. La independencia no se alcanzaría de manera efectiva hasta el tratado de Adrianópolis de 1829, ratificado en la convención de Londres de 1830.
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4.2. Las revoluciones de 1830
Esta nueva oleada revolucionaria afectó a toda Europa, desde Francia hasta Rusia, si bien sólo triunfó en Francia y Bélgica. En Francia la revolución de 1830 tendrá un carácter liberal, mientras en Bélgica y en los estados de la Confederación Germánica –donde fracasó y fue duramente reprimida- adoptó un perfil liberal-nacionalista.
Como siempre en la raíz de estos brotes revolucionarios encontramos varios  años seguidos de malas cosechas que crean un clima social turbulento y hace que las clases populares sean fácilmente manipulables por una burguesía que vuelve a liderar una revolución para cambiar el rumbo político intentando hacerse con el poder político.
 En FRANCIA Luís XVIII había reimplantado el absolutismo, pero consciente de la imposibilidad de volver al pasado después de la revolución francesa, firmó una Carta Otorgada o pseudoconstitución que:
· Niega la soberanía nacional;
· No reconoce explícitamente la división de poderes;
· Acepta la existencia de un parlamento que apenas tiene funciones y que es bicameral: una cámara es designada por el rey y otra elegida por sufragio censitario muy restringido; y
· Solo reconoce los principios de libertad, igualdad y propiedad
Su heredero y hermano, Carlos X, en medio de una grave crisis económica, aplica medidas ultraconservadoras, especialmente la disolución de la cámara baja, la suspensión de la libertad de prensa y el endurecimiento del sufragio censitario, que sólo dejaba el derecho a voto a los grandes propietarios.
Estas medidas provocaron la insurrección de París los últimos días de julio de 1830. Como en la revolución de 1789, de nuevo la burguesía, liderando el descontento del pueblo llano, logrará destronar al Borbón y liquidar definitivamente el Antiguo Régimen en Francia.
Sin embargo, la alta burguesía temía la instauración de una nueva república que avanzase por la vía de la democratización política, así que propuso un cambio de dinastía monárquica como forma de cambio y elevó al trono a Luís Felipe, duque de Orleans.
Este, previamente, había prometido elaborar y respetar una nueva constitución donde se garantizasen las libertades que el pueblo exigía. Esa constitución liberal vería la luz en el verano de 1830.

Ese mismo mes de agosto veía estallar la revolución en Bélgica, unida artificialmente a Holanda en el Congreso de Viena. Los abusos del rey de Holanda despiertan los sentimientos nacionalistas en la población belga, que aprovechando la insurrección que en esos momentos se vivía en Francia se levantan contra el dominio holandés. La dura represión militar holandesa hace que al movimiento popular se una la burguesía. En octubre se declaró la independencia, eligiendo a Leopoldo de Sajonia-Coburgo rey de los belgas y en 1831 se aprueba una constitución que reconoce la soberanía nacional, la división de poderes, con un parlamento bicameral elegido por el pueblo y que reconoce derechos y libertades.
No corrieron la misma suerte otras revoluciones liberal-nacionalistas, caso de la de Polonia, que sólo contó con el apoyo de la burguesía media y que tras el fracaso queda reducida a una simple provincia rusa. En Italia,  la revolución no contó con el apoyo del pueblo y el ejército austríaco la sofocó sin problemas. En Alemania la situación era muy compleja y, según los estados, la insurrección se presentó de tres formas:
·          Como una rebelión social de los campesinos que reclamaban la abolición de los derechos feudales.
·          Como un movimiento liberal que exigía el fin del antiguo régimen y el avance hacia el liberalismo constitucional.
·          Como un movimiento nacionalista que aspiraba a convertir la Confederación Germánica en una República Federal libre del control de Austria.
La revolución fracasó y se reforzó el absolutismo pero quedó vivo el germen del nacionalismo.
En general, las revoluciones de 1830 supusieron un nuevo avance hacia la implantación del liberalismo en Europa, sobre todo porque la Santa Alianza había perdido para la causa del absolutismo el apoyo de Francia. Además certificaron la definitiva llegada de la alta burguesía al poder político, confirmando después que ésta no tenía una vocación democratizadora cuando reservó al poder a una élite de ricos propietarios mediante el mantenimiento del sufragio censitario.
4.3. Las revoluciones de 1848.
En 1848 se produjo en Europa una nueva oleada de revoluciones liberales y nacionalistas. A diferencia de las de 1830, las primeras tienen ahora unos claros ideales democráticos. Esto tiene que ver con el intento de la media y baja burguesía de acceder al poder, con la creciente importancia de la clase proletaria y con la fuerza de las nuevas ideas del socialismo.
Por otra parte, la revolución de 1948 se enmarca en un contexto donde:
·         Las malas cosechas de 1845 y 1847 provocaron la falta de alimentos, la subida de precios y –en consecuencia- una nueva crisis de subsistencia, que estuvo en la base de las epidemias de cólera y tifus.
·         La crisis de la industria textil y siderúrgica, provocada por la superproducción, así como de la industria ferroviaria llevó al cierre de fábricas y al aumento del paro.
Así, en un ambiente de malestar social y de grave crisis económica, las masas populares tomaron conciencia de que el liberalismo burgués no tenía intención de resolver sus problemas porque era parte de los mismos. Por eso, la burguesía -que hasta entonces había liderado las revoluciones- se vio desbordada por los ideales de los trabajadores, que en 1848 pusieron en marcha un movimiento democrático que reivindicaba:
·         El sufragio universal frente al censitario que había impuesto la burguesía.
·         Una auténtica soberanía popular que diese a todos los individuos el status de ciudadanos.
·         Una ampliación de las libertades hasta ahora aceptadas por el liberalismo.
·         La sustitución de la monarquía por la república como forma de estado.
Una vez más el estallido revolucionario se inicia en Francia, esta vez en febrero de 1848 contra la monarquía de Luís Felipe de Orleans, que favorecía a la alta burguesía en un clima de corrupción política y de recorte de las libertades.
La presión popular provocó la abdicación de Luís Felipe de Orleans y se proclamó la II República francesa mientras se convocaban elecciones para formar una asamblea nacional constituyente mediante sufragio universal masculino.
Sin embargo, el temor de la clase media burguesa ante las peticiones de igualdad de los trabajadores propició su alianza con la alta burguesía conservadora, que nombró como presidente de la república a Luís Napoleón Bonaparte (hijo del hermano de Napoleón que éste situó como rey de Holanda). Este en 1851 dio un golpe de estado y se proclamó una monarquía autoritaria que acabaría desembocando en imperio.
En los estados alemanes e italianos las revoluciones de 1848 mezclaron las reivindicaciones políticas liberales y nacionalistas. Así, en la Confederación Germánica se convocó el Parlamento de Francfort, al que acudieron representantes de todos los estados alemanes para pedir reformas políticas y reclamar la unificación, pero la intervención de Prusia acabó con esas pretensiones. En el caso de Italia hubo levantamientos contra el dominio austríaco en el reino Lombardo-Véneto y se promulgaron constituciones liberales en varios estados hasta que el imperio austríaco sofocó las revueltas.
5. EL NACIONALISMO
El nacionalismo es una ideología o doctrina política que defiende la identidad propia y diferenciada de un territorio y de sus ciudadanos y que considera la creación del estado nacional como indispensable para alcanzar las aspiraciones sociales, económicas y culturales de su pueblo.
Aunque hunde sus raíces en la edad media, como ideología política aparece en el siglo XIX, aunque al principio es sólo un sentimiento de pertenencia a una misma comunidad o nación cuyos miembros comparten una historia, una lengua, una cultura y una religión comunes.
El nacionalismo nace asociado a la idea de libertad, ya que aspiraba a que los ciudadanos que integraban la nación pudiesen ejercer libremente sus derechos políticos. Por eso están conectados con el liberalismo.
En su desarrollo el nacionalismo adopta dos formas:
El nacionalismo disgregador o centrífugo, que persigue la liberación de las naciones sometidas a otras naciones con las que poco o nada tenían en común. Este nacionalismo sostenían que los pueblos sometidos debía constituir su propio estado, es decir, defendía el derecho de cualquier comunidad a convertirse en nación si lo deseaba, es decir reconocía el derecho a su independencia. Es el caso de Bélgica o Grecia.
El nacionalismo cohesionador o centrípeto, que sostenía que los territorios con elementos comunes (historia, lengua, cultura, religión...) pero políticamente divididos debían aspirar a constituir una nación. Es el caso de Italia y Alemania.
Sin embargo el primer nacionalismo del siglo XIX fue el nacionalismo antifrancés, generado como un movimiento de resistencia contra el invasor napoleónico. Era un nacionalismo sin ideología, ya que aglutinaba a conservadores y liberales en busca de la independencia frente a los ocupantes franceses.
5.1. El triunfo de los nacionalismos: las unificaciones de Italia y Alemania.
     Entre 1850 y 1870, el nacionalismo europeo impulsará la unificación de dos nuevos estados: Italia y Alemania. La burguesía será de nuevo la protagonista de este movimiento que no aspira a la democratización política y que procura alejarse de las nuevas reivindicaciones de la clase obrera.
5.1.1. La unificación de Italia
Tras el fracaso de la revolución de 1848 en Italia, este territorio seguía dividido en diversos estados: Los reinos de Piamonte-Cerdeña, Lombardo-Veneto y Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia); los ducados de Parma, Módena y Toscana y los Estados Pontificios. Sobre todo el norte estaba dominado por el imperio austríaco.
Antecedentes de la unificación:
·         La labor de literatos y músicos que forjan la idea de la patria italiana mirando al esplendor del pasado romano y renacentista.
·         La acción de unos líderes nacionalistas que tenían ideas muy diferentes sobre la futura nación. Unos, los neogüelfos, burgueses y católicos –cuyo líder era el abate Gioberti, querían hacer que Italia fuese una confederación de Estados, bajo la dirección del Papa; Mazzini apostaba por el establecimiento de una república y Cavour, defendía un estado unificado y monárquico liderado por Piamonte.
·         El interés de la burguesía industrial y comercial del norte, que veían en la unificación una oportunidad de negocio.
·         El fracaso de la revolución del 48, que demostró la ineficacia de las sociedades secretas (sociedades conspirativas de tinte romántico y revolucionario) y la insurrección popular para alcanzar la unificación y llevó a posiciones más pragmáticas.
Finalmente, los protagonistas de la unificación serían el reino de Piamonte-Cerdeña, con su rey Víctor Manuel II y su primer ministro, Cavour, que tuvieron que enfrentarse a tres grandes problemas: la presencia del imperio austríaco en el norte, la oposición de los estados pontificios a ser absorbidos, en el centro, y el dominio de los borbones en el sur.
Los acontecimientos: El reino de Piamonte, con el apoyo de la Francia de Napoleón III, se enfrenta militarmente a Austria, que tras las derrotas de Magenta y Solferino será expulsada de Lombardía, que queda anexionada al reino de Piamonte. Tras ello los estados de Parma, Módena y Toscana piden su anexión a Piamonte.
La caída del reino de las Dos Sicilias fue obra de Giussepe Garibaldi. Este, aprovechando una insurrección popular contra el absolutismo borbónico, y apoyado por Cavour, organiza la expedición de los Mil Camisas Rojas, que acaba con la monarquía borbónica y se proclama dictador del reino, aunque acabó reconociendo a Víctor Manuel II como rey.
En 1861, este monarca fue proclamado rey de una Italia todavía incompleta. El proceso se concluyó gracias a Prusia. Primero cuando Italia apoya a Prusia en su guerra contra Austria (1866) y recibirá como premio la anexión de Venecia; después cuando tras la retirada de las tropas francesas de Roma en el contexto de la guerra franco-prusiana, Roma decide en 1870 incorporarse a Italia, de la que será nombrada capital al año siguiente.
5.1.2. La unificación de Alemania.
  Antecedentes: Desde 1815 Alemania estaba constituida por los 39 estados que formaban la Confederación Germánica, independientes en principio pero sometidos en la realidad al reino de Prusia, en el  norte, y al imperio austríaco en el sur.
La revolución del 48 también fue un fracaso en Alemania, si bien en el plano económico ya se había dado un primer paso hacia la unificación con la creación de la unión aduanera o Zollverein entre los estados del norte y algunos de los del sur. Esto hace que se industrialice la zona y que la burguesía comience a ver las ventajas de la unificación.
Los protagonistas: Al igual que en el caso de Italia, también aquí la unificación tiene como protagonistas a un reino, su rey y su primer ministro. En este caso el reino fue Prusia, el rey Guillermo I y su primer ministro o canciller Otto von Bismarck, quién realmente fue el cerebro del proceso.

Los acontecimientos: Bismarck movió muy bien los hilos diplomáticos cuando antes de enfrentarse a Austria –su gran rival en la Confederación- se aseguró el apoyo de Rusia (rival de Austria en el Báltico) y de Piamonte (deseosa de expulsar a Austria del norte de Italia), además de poner todos sus esfuerzos en crear un ejército potente y moderno.
Así en 1866 estalla la guerra austro-prusiana, que concluye con la derrota de Austria y la consiguiente creación, por parte de Prusia, de la Confederación de Alemania del Norte.
Para lograr la anexión de los estados del sur Bismarck remueve el sentimiento nacionalista alemán, primero en una contienda diplomática con Francia a propósito de la candidatura al trono de España dejado vacante por Isabel II, al que presentaba a un pariente de Guillermo I que fue rechazado por Francia. Más tarde Bismarck forzó una corta guerra contra Francia, a la que venció en la batalla de Sedán (1870). Ello supuso para Francia la pérdida de los territorios de Alsacia y Lorena y para Alemania que Guillermo I recibiese el título de emperador (Káiser) de Alemania, tras lo cual Alemania se configuró como nueva nación con Berlín como capital.

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